Eternidad
*Recuérdame como un día imaginaste que fui
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Algo de cojones y pastillas
…
Jajajaja, ¿qué te creías? No puedes alejarte del vacío por mucho que quieras. Ya puedes caminar, correr, esconderte donde sea, no te desharás de él, porque está dentro de ti. Nunca llegarás a esa puerta, porque no existe. Jajajaja, has llegado a pensar que podrías acariciar esa libertad, qué inútil. ¿No te das cuenta de que quien es esclavo de la soledad, va a estar solo durante toda su vida? Así que ve asimilándolo si quieres empezar a ocupar una mediocre existencia en este cubo de basura llamado Tierra, o sino, algo de cojones y pastillas.
viernes, 19 de diciembre de 2008
martes, 16 de diciembre de 2008
Un abrazo
- ¿ Y eso? –preguntó
- Me di cuenta de que cuesta mucho ser feliz – contestó – No me mires así, Rich. No me refiero a la tontura que muchos confunden con la felicidad. Me refiero a esa tranquilidad, esa paz que te hace sonreír cada mañana al despertar de forma natural. Ese algo que perdí hace tiempo y que dudo volver a recuperar nunca. Quizás se pierde al perder la inocencia, a… ¿madurar? No sé, Rich… hace tiempo que me siento en medio de la nada, y no sé hacia dónde debo ir.
- No dramatices, Anaís.
- Supongo que es eso lo que debo hacer, pero dime entonces cómo salvarse del hastío.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Orgullo o yo
viernes, 28 de noviembre de 2008
Efecto boomerang con intereses
domingo, 23 de noviembre de 2008
Lluvia de sentimientos
Por lo demás, todo se resume a rutina. Sal de casa, pon una sonrisa en tus labios, parece una persona normal, relaciónate con la mediocridad, hazte ver como tal, que si destacas, peor será. Estudia, vuelve a casa, agóbiate, sueña y agóbiate más por no conseguir que el sueño se transforme en realidad. Frústrate por no poder escribir o porque lo único que puedas escribir sea esta mierda. ¿La normalidad es una enfermedad contagiosa? ¿Puede la esencia de una mente soñadora, perversa, quizá manipuladora, y un poco idealista volverse simple? Ay… un día, llegaré a un sitio que no se corresponderá conmigo, y entonces, realmente habré dejado de ser yo.
Nos vemos en el comienzo de la noche, cuando aparquemos nuestros cuerpos y nos unamos en un tornado de sentimientos que nos haga estallar de placer…mental. Que no hay mejor sensación que una mente en sintonía con otra.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Sol
Qué puedo decirles sino que quiero, que quiero y que por fin disfruto del silencio. Mi mente, ajena a todo pensamiento negativo, ahora se centra en dos cosas: en estudiar, y en el tiempo, leento como él mismo. Y si no continúo escribiendo frecuentemente es porque pocas cosas más que cursiladas salen de mi boca. Esto del amor… es una ruleta rusa. Aprovechemos la retirada de las nubes para saborear un poco más el sol.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Inspiración
Las palabras no fluyen como lo hacían antaño. No sé qué escribir, no me inspira ni mi sombra, toda oscura ella llena de misterio. ¿Se pueden intercambiar sombras? Si fuera así podría disfrazarme de la suya y seguirle tras ella. Quizás así me sintiera parte de él. Qué ilusa, ¿no? Puede que aún no me hayan reciclado en el vertedero del olvido. Yo me llevo cada día pero es como la maldición de los muñecos diabólicos de R.L Stine, siempre vuelvo, con más carga cada vez. En otras ocasiones, en sueños podía seguir viviendo en la fantasía, podía albergar la esperanza de que en algún lugar de su frío corazón, seguiría teniendo ese pequeñito hueco que un día me perteneció, o eso creo. Quizás todo fue un reflejo, un espejismo, la ilusión de que fuera así puede que me hiciera ver lo que yo quería. Pero ahora, las noches son negras. Sé que sueño, porque sería otra persona si no lo hiciera, pero no sé qué pasa en ellos. ¿Tan duros tienen que ser que mi propia cabeza me evita el dolor? Lo dudo, será más bien que mi cabeza está tan desgastada que no puede inventar más situaciones agradables, y me escupe lo único que le queda, la jodida realidad. Bueno, una dosis no será tan mala, ¿no? No queda nada más. No queda esperanza, tan sólo mareos, mareos, mareos y cinta aislante al área afectada de mi mente y mi corazón. ¡Y ya está! No hay más.
Tan sólo le pido que me haga más daño, que me duela tantísimo, que pueda tener alguna excusa más antes de que se me olviden todas las otras.
Anaís, vuelve, joder.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Sinceridad
Dicen que a lo largo de la vida sólo recordamos aquellos momentos que de verdad nos han marcado. Bien, puedo decirles que yo un día soñé. Y no ha habido otro momento en el que haya sido más puramente yo que cuando soñaba. Es una pena que los sueños, sueños son, y que por muchas historias que crees, no se convertirán en nada más que algo frustrado.
Pero ya ni frustración me dejo sentir, y mejor. Mejor no sentir, no pensar, no divagar. Todo eso nada más trae pensamientos que no tendrán nunca base.
A veces me pregunto dónde quedaron todos esos momentos llenos de vida que un día tuve el placer de experimentar. Si acaso existieron o todo ha sido fruto de mi retorcida cabeza. Si fue de verdad, o una simple ida y venida. Ahora todo me parece como una mala pesadilla, tan mala que ya ni sueño.
Se hicieron tantas confesiones, se dijeron tantas cosas, se experimentaron tantas sensaciones… que si sigo sabiendo que fue verdad es por las fotos que no me atrevo a mirar y por lo que siento cada día desde el primer rayo de sol hasta que Insomnio se retira.
Y qué remedio que cambiarlo todo. Quizás esos cambios sean los indicios de las palabras que
nunca llegaré a escuchar de alguna boca. Quizá tanta claridad ofusque. Pero no, a mí sólo me ofusca mi mente. Por lo demás, lo tengo todo muy claro.
Y si algún día esto sale mal, siempre tendré a Anaís, que me está esperando en Norealidad con los brazos abiertos. Pero de momento, tengo denegada la entrada. Estoy demasiado corrompida. Dejar de sentir, después de todo, no es tarea fácil.
En uno de esos tristes días de septiembre en los que, a pesar de salir un sol espléndido, todo se cierne de un color grisáceo.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Norealidad
Lo mejor era la frontera entre Realidad y Norealidad. En mi mundo no hay pasaportes, hay controles de almas. Un alma sucia, jamás podría entrar en él. Sin embargo, di a las gentes la posibilidad de acceder a Norealidad con una condición: debían crear una historia fantástica, que les enamorara tanto que se convirtieran en el propio protagonista de su invención. De esa forma, podrían soltar su corrompida alma y acceder a mi mundo a través de sus sueños. ¿Cómo creen sino que creé todo esto?
Pero como siempre, tuve que joderlo todo. Estaba taaaaaaaan feliz.
Llegó la noche. Me tumbé en los jardines del olvido a escuchar la brisa de ternura que soplaba. Y de repente, cuando todo quedó bajo la supervisión de las emociones, pasó. En un momento, abandoné Norealidad, salí de aquel lugar tan genial, y me encontré en la cama de mi habitación.
- Mierda!
Y en ese preciso momento, te eché jodidamente de menos.
miércoles, 27 de agosto de 2008
¿Realidad o fantasía?
Es como un fantasma que merodea cerca de las almas débiles para alimentarse. Como un vampiro sediento. Sediento de mi alma. Me doy cuenta de todo lo que está pasando, y ya no caeré más en el engaño. Puede que tenga que evitarle, puede que tenga que no mirarle a los ojos por miedo a que me cace. Puede que tenga que poner mil excusas para no saber demasiado de él. No quiero un fantasma como compañía. Algún día vendrá alguien, quizá no con el Volvo plateado y el alma sedienta de sangre como Edward en Crepúsculo, pero vendrá alguien que Realmente esté. Y que no sea un mero sueño, o un mero fruto de mi imaginación dramaturga. Que bien es cierto que yo nací para ser personaje, de hecho creo que me escapé de algún libro, pero debe de haber mucha más gente como yo que sueñe con tener un sueño que sea de verdad. Así que, esperaré a que la puerta de algún coche se abra para mí, y Él, me salve.
sábado, 23 de agosto de 2008
Nos encontraremos bajo la lluvia
Por entonces, Hugo trabajaba allí por las tardes para ganar algo de dinero mientras estudiaba periodismo por las mañanas en la universidad. Su trabajo consistía en hacer todo lo que el resto de empleados –incluido el jefe, por supuesto-, de manera despótica, le mandaran hacer.
Un día, después de estar 20 minutos fotocopiando contratos de publicidad, la vio entrar. No debía tener más de 15 años, y se escondía tras la sombra de un hombre cuyo semblante mostraba la fuerza de alguien que carga el peso del mandato, el cual debía de ser su padre. Iban acompañados de su jefe, que, con la sonrisa de alguien que está haciendo buen negocio, les invitó a tomar asiento en una de las mesas de reunión principales de la radio.
Hugo seguía haciendo fotocopias mientras observaba y escuchaba todo lo disimuladamente que podía. Hablaban de renovar. Al parecer, el hombre que acompañaba a la niña era un arquitecto madrileño de renombre que tenía una empresa constructora. El jefe le había estado mostrando la estructura de la radio y pretendía echarlo todo abajo para construir de nuevo un lugar de trabajo más moderno y adecuado para la época, ya que el edificio sobre en el que se encontraban llevaba más de 200 años en pie.
Entre palabra y palabra, ella se perdió en los diferentes pasillos que había por allí. Observaba a cada una de las personas que pasaban y se detenía en cada objeto que formaba el trabajo. Él no dejaba de mirarla a pesar de parecerle demasiado pequeña, y ella acabó por percibirlo. Le miró fijamente e hizo una mueca de cortesía, la cual él correspondió. Acto seguido ella siguió su recorrido, ocasión que Hugo aprovechó para seguir mirándola. Había algo en esos ojos inquietos y curiosos que le producían interés. Ella se volvió a percatar de sus miradas y esta vez no le sonrió, sino que, con la despreocupación de una niña que no teme, le encaró y se quedó mirándolo un buen rato, cosa que le incomodó. Apartó la vista rápidamente y se dijo que no la volvería a mirar hasta que no saliera. Pero no puedo evitarlo y lo volvió a hacer. Ella, impasible, seguía mirándola con aquellos ojos que se clavaban como estacas. Ella observaba sus gestos, olía su miedo, y cuando estaba a punto de irse como si hubiera acabado de fotocopiar, la miró, y ella se rió. Sonrisa inocente y natural, que no hizo sino enternecerle y ver que sólo se trataba de un juego. Le sonrió y se fue de la fotocopiadora.
Rato después, mientras la veía irse, ella se giró y le sacó la lengua.
- Laia, vamos – dijo su padre.
- Sí, ya voy – y salió de la radio riendo.
Muchos meses pasaron mientras Hugo se preguntaba quién era aquélla chica de ojos azules y pelo castaño salvaje. Ahora trabajaba en las oficinas que sustituían temporalmente nuestro lugar de trabajo, mientras estaba siendo remodelado.
Varias veces vio a su padre, pero jamás a ella. Alguna que otra vez, como haciéndose el tonto, preguntó a alguno de sus compañeros si sabían algo sobre ella, pero apenas recordaban su visita. Algunos incluso bromeaban:
- ¿Con 20 años y andas preguntando por una cría de 15? No sabía que te gustaban jovencitas.
Al final la incertidumbre fue desapareciendo y poco a poco fue apartándose el misterio sobre aquella chica.
Pasaron los años y por fin acabó periodismo. Dejó su puesto de becario en al radio y se puso a hacer prácticas en un periódico local. Su trabajo consistía en ir hacia los lugares en los que había ocurrido algún suceso y obtener toda la información útil posible.
Con el dinerillo que había ido ahorrando se alquiló un piso pequeño en una calle escondida por Urquinaona, y allí pasaba las horas que le quedaban después de trabajar o callejear por Barcelona. No tenía muchos amigos, no creía en las amistades múltiples. Tan solo podía contar con dos: David, amigo desde la infancia con el que se veía de cuando en cuando, pero no importaba porque seguían teniendo la misma confianza de siempre; y Sara, una compañera de facultad con la que alguna que otra vez había confundido el término amistad, pero a pesar de eso se veían con frecuencia y estaban al tanto de sus respectivas vidas.
Dos años más habían de pasar hasta que todo cambió, años en los que Hugo escaló puestos y consiguió ser redactor del periódico.
Un día salió tarde del trabajo, y llovía. Por suerte, no era el primer día que había llovido en la semana y ya iba provisto de paraguas. No era partidario de metro o bus, así que fue caminando. Llovía bastante pero se podía estar, aunque no había una sola alma en la calle. Medio guarecido entre callejuelas salió a plaza Urquinaona.
De repente, extrañado, vio la figura de una mujer, desorientada y algo asustada.
martes, 19 de agosto de 2008
Nada
Nada por aquí, nada por allá. Como los magos.
A veces me pregunto para qué tanta palabrería, si a la hora de los hechos, nada de nada.
Desde muy lejos, más que nunca, para los cuatro gatos que me leen.
Giró la cabeza ante la incapacidad de ver en qué se habían convertido. La gente pasaba, ajena a lo que estaba sucediendo, y él no podía sino envidiar su ignorancia. Al final, con la poca fuerza que encontró en él, la miró directamente a los ojos y le dijó:
- Si es eso lo que quieres, te lo pondré muy fácil.
jueves, 14 de agosto de 2008
Espejito que (casi) todo lo ve
No te preocupes, Anaís. Cuando el disco de tu pensamiento parezca estar acabando, volverá a repetirse, y tú, ya estarás volviendo a pensar en él.
Pero no olvides que un día, al levantarte y mirarte en el espejo, tendrás que verte sin verle. Así que no te ilusiones mucho.
martes, 12 de agosto de 2008
Después del lapsus
Esto no podía durar mucho, Anaís. Era muy parecido a los entonces. Y esos, ya no volverán. ¿Página 3? Ja, qué optimista.
domingo, 3 de agosto de 2008
Una de cursilada
domingo, 20 de julio de 2008
Eternidad
viernes, 18 de julio de 2008
Algo de ego pour moi
Soy un algo que se resiste a ser nada y lucha por ser más.
La conformidad no forma parte de mi vocabulario. Ni de mi forma de vida.
Concibo la vida como un camino que está pedregoso, el cual debes mejorar con tus esfuerzos. No creo en la suerte. Vivimos entre circunstancias que nos conducen por unas sendas u otras. Pienso que la suerte es una forma de justificación ante las imposibilidades que se crea una persona.
Una de mis mayores virtudes y a la vez defectos es la pasión. Voy a todas con todo. Puede llegar a ser un problema, porque como alguien cantó una vez: o me echas fuego o me extingo. Y puedo resumirme en ello. Sin embargo, y no sé si afortunada o desgraciadamente, quien
consigue entrar en mi corazón, nunca saldrá de él. Ambas cosas son tremendamente difíciles.
Apoyo los detalles, las pequeñas cosas. Es de las cosas que más me hace querer a una persona. Odio las falsas promesas, los teprometo que nunca se prometen ni a sí mismos, y amo los hechos. Si ahora mismo tuviera que escribir algo “bonito” sobre esto, diría:
“Dame el te quiero de tus besos, envuélveme con el calor de tus teechodemenos. Déjate de palabras que nunca escucharé. Que no quiero soñarte, quiero tenerte.”
Voy por la vida acompañada de notas musicales. A mi alrededor no falta nunca música, porque me muevo con ella y forma parte de mí, al igual que el ritmo, porque música deriva en él, y yo necesito ritmo constante, es mi carburante. Ya se habrá supuesto que me encanta escribir. Sí. Porque si no escribo me ahogo. Gracias a eso puedo evadirme e inventar historias de esos deseos reprimidos que todos tenemos. Y si hay alguien que se sienta bien leyendo las chapuzas que hago, aún mejor. Y por último, como pasión, me fascina el cerebro y todo de lo que se compone. Mi sueño es poder investigarlo y ayudar así a la ciencia. Por supuesto me muero por tratar a gente y ver cómo puedo influir en ellos. Para ello quiero estudiar medicina.
Aunque soy muy exagerada para todo, y a veces resulto bastante totalitaria, me considero profundamente de izquierdas, e intento tolerar a los que no piensan igual. Pienso que cada persona es libre de pensar y actuar como quiera, si con ello no perjudica a nadie más, y que se debe respetar por muy diferente a ti que sea.
Afortunadamente, y después de mucho tiempo, muchísimo, tengo suerte de tener unos amigos muy buenos. Pocos, pero buenos. Tengo un grupo envidiable. Una mejor amiga inmejorable. Y también algunos amigos sueltos por el mundo entero que valen la pena. Esto es bueno para mí, ya que desgraciadamente para ser feliz necesito tener gente a mi alrededor. Soy adicta al cariño.
Bueno, también tengo mi parte superficial. Soy adicta a las compras, y no tengo concepto de ahorrar. Espero ganar el suficiente dinero para satisfacer mis caprichos. Para ello curraré mucho, seguro.
Y no mucho más. A veces me castigo demasiado por mis defectos. Me gustaría ser más perfecta, pero bueno, sólo tengo 16 años, tengo una vida entera para conseguirlo.
Bueno, hasta aquí mi dosis de egocentrismo. Hay veces que llego a un límite y debo satisfacerme. Quizá los poquísimos que leáis lo que escribo podáis entender mis historias un poco mejor.
Un beso
Abrí la puerta y me encontré con un mundo muy diferente al que yo había vivido siempre.
- Has estado soñando – dijo una voz
Con la mirada decaída, miré ese mundo otra vez, y cerré la puerta un día más.
- Hoy me quedaré durmiendo.
jueves, 17 de julio de 2008
Ella
¿Cómo reaccionáis al sentir vacío? Ella, da cariño de forma proporcional. Es una forma de cubrir ese vacío. Supongo que tiene la esperanza de que se le devuelva, pero a fin de cuentas sólo hace el ridículo.
Un día le apetecía ver su nombre reflejado en el cristal. Entonces, ella lo escribía encima. Otro día, le apetecía un te quiero con miel. Ella se lo preparaba a él. Y así, un día, de tanto dar cariño cada vez que le hacía falta, se dio cuenta de que ya no le quedaba, y ahora volvía a estar vacía, de él y de sí misma. ¿Qué podía hacer mi pobre enemiga? Temía que si dejaba de hacerlo tuviera que enfrentarse a un vacío todavía peor, la realidad. Dudaba poder recibir cariño de ese manantial. Porque de él sólo podía beber el águila nada más. Volaba y volaba. A veces bajaba a tierra, pero en seguida ponía rumbo, y desde luego se iba a lugares a los que jamás dejaría que ella le acompañara. Demasiado libertad contra demasiada dependencia.
De esta forma Ella, que no podía quedarse así, creó un personaje sacado de sus sueños, le dio vida en historias, y suplió el vacío que sentía, ahora sintiéndose feliz. Pero… ahora hay otro problema. Ella jamás volvió a nuestro mundo. Se convirtió en otro personaje creado por ella misma a la imagen que quiso, y se quedó en su realidad perfecta. Y ahora sólo sé de ella cada vez que la identifico en cualquier historia que escribo.
martes, 15 de julio de 2008
Gran sauce
domingo, 13 de julio de 2008
Miradas
domingo, 6 de julio de 2008
Ríndete final
Fin.
sábado, 5 de julio de 2008
Ríndete II
Aquella noche terminaba más tarde las clases debido a una práctica. Por la noche había quedado con Richard para cenar, así que él vendría a por mí. Cuando bajaba por las escaleras me encontré con mi amigo medio francés medio inglés, Carter. Era de 1º año, y andaba un poco perdido por el idioma. Le conocí de casualidad en uno de esos momentos en los que te entra la vena humanitaria, un día a principios de curso que lo vi intentando comunicarse pero nadie le entendía. Nunca fui muy buena en los idiomas, pero el francés lo aprendí de pequeña cuando íbamos a visitar a mi tía de Toulouse. No era una experta, pero me defendía. Desde entonces prácticamente no se había despegado de mí, cosa que entendía, y nos hicimos amigos. Claro que ya desde un principio supe que a Richard le molestaría. No es que fuera celoso, pero Carter junto con mi carrera quitaban parte del tiempo que podía pasar con él, y le empezó a tomar rabia. Estaba convencido de que a Carter le gustaba, y motivos no le faltaban. Pero él no creía que yo sintiera nada por él, simplemente siempre ha sido de pensar que si hay alguien de por medio encontraré algo que le haga mejor que él y le abandone. Es cierto que Carter se me había declarado un par de veces a lo largo del curso, y que a veces intentaba imitar a Richard para conseguir mi atención, pero yo siempre le dejé claros mis sentimientos. Si había llegado hasta donde estaba era porque realmente quería a Richard, y lo tenía muy claro. Pero él no. Esa noche que bajaba por las escaleras de la universidad, Carter apareció llorando, y me dijo que no había conseguido pasar de curso, y que probablemente se tuviera que volver a su país porque sus padres no podían financiar otro año más. Estaba muy triste, así que lo abracé. Un buen rato. Se ofreció a acompañarme a casa pero yo le dije que estaba esperando a Richard, y se fue. Pasaron horas hasta que me fui a casa. No hacía frío, pero yo me encontraba helada. Richard no apareció, y no contestó a ninguna de las llamadas que le di. Cuando llegué a ese piso pequeño y cutre en el que vivía provisionalmente, me dispuse a ir a casa de Richard, pero al tumbarme a la cama un momentito, el cansancio, junto con el dolor de cabeza y las lágrimas, me dejaron en coma.
A la mañana siguiente cogí un taxi y paré en el portal donde tantas veces me había despedido, para finalmente haberlo pisado pocas horas después en la mañana. Me bajé decidida, pero al llegar al rellano, empecé a temblar y las primeras lágrimas del día asomaron. ¿Y si esto es el fin? – pensé aterrorizada. La puerta principal estaba abierta, así que me planté cara a cara con su puerta. Toqué el timbre, y al minuto o así salió el que había sido mi novio durante 5 años, intermitentemente. Despeinado y recién sacado del sueño, me miró serio como si de repente se hubiera dado cuenta del problema.
- ¿Qué ha pasado? – dije llorosa.
Él, callado, miro serio al suelo. Ni siquiera podía mirarme a los ojos. No pude evitarlo y corrí a abrazarle. Ni se inmutó. ¿Qué estaría pasando por su mente para tratarme con tanta frialdad?
- Pero, ¿qué te he hecho?
- Lo mejor será que lo dejemos, Ashley. Tienes que estar concentrada en tus estudios y es mejor que sea sin mí – mintió Richard.
- Pero… - dije sin entender nada
- De verdad, lo mejor será que te vayas
Y una vez hubo hablado se fue hacia el interior de su casa y me dejó plantada ahí mismo. Me fui por el mismo camino que había recorrido tantas otras veces, sin ser consciente de nada. Ni siquiera estaba pensando. Fui a ese piso cutre, empecé a recoger mis cosas, y en poco menos de una semana, me fui a mi ciudad. Ya pensaría qué hacer con mis estudios. Por el momento necesitaba estar lejos de todo. No avisé a nadie, ni a Carter, ni a Richard. A nadie.
Un par de semanas después, sin noticias de Richard, le echaba enormemente de menos. No le conté a nadie lo que había pasado. No podía afrontarlo. Le enviaba mails que sabía que no contestaría, porque había algo que no le dejaba. ¿Qué ha pasado? – me preguntaba constantemente. En ellos le decía que le quería, que le echaba de menos, que me encantaría verle y que habláramos… Nunca mentí.
Todo cambió cuando un día, tirada en el sofá pasando un calor insoportable, recibí una llamada.
- ¿Sí? – dije esperanzada.
- Ashley, c’est Carter (La conversación se supone que es toda en francés, pero para que lo entendáis lo escribo en castellano)
- Hola… ¿Cómo estás?
- Sorprendido. ¿Por qué regresaste?
- Pasaron muchas cosas y me tuve que volver.
- Y tanto, tu novio se ha vuelto loco.
- ¿Cómo dices?
- El otro día lo encontré por los alrededores de la universidad y por un momento pensé que me pegaría.
- ¿Qué pasó?
- No sé muy bien qué ha pasado, pero me dijo que ahora tenía vía libre para lo que quisiera contigo, que ya no estabais juntos.
- ¿?
- Me dijo que nos había visto abrazándonos esa noche que te conté lo que me había pasado.
- Joder…
- Tu novio me tenía ganas.
- Carter, tengo que irme, te llamaré en cuanto pueda. Cuídate.
- Au revoir, chèrie.
Me quedé en shock. Por eso no fue a por mí. Nos vio, y al llevar todo el año pensando que había algo entre los dos supongo que fue la prueba que necesitaba, y le dolería. Me sentí fatal, cabreada, triste, y a la vez esperanzada. Esto no hubiera pasado si le hubiera prestado más atención – me dije arrepentida. Tenía que llamarle cuanto antes. Quizá no me cogiera el teléfono, o quizá sí. Tuve suerte.
- ¿Dígame?
- Richard, qué bueno oír tu voz. ¿Cómo estás? Soy Ash..
- … Hola, vaya, qué sorpresa. Estoy genial, ¿y tú?
- Bueno, quería hablar contigo de algo importante. Hasta hace poco no sabía por qué habías actuado así, pero hace unos minutos me he enterado de todo, y quería explicarte lo que pasó.
- No te preocupes, Carter me lo dijo todo.
- Pues qué bien, porque yo no he querido nunca a ese chico, sólo a ti Rich. Debí demostrártelo de otra forma, lo siento.
- Lo siento yo, Ashley, pero ya es demasiado tarde… Tú no tenías tiempo para mí y la cosa se enfrió. Ya no vale de nada intentar.
Tuve que resignarme a sus deseos. Sabía que cuando se enteró de su confusión se debió sentir horrible, pero tenía demasiado orgullo como para reconocerlo, y sé que en ese momento más que en ningún otro lo tendría lo más distante posible. Son sus medidas de seguridad hacia él mismo. Lo hace y con eso se siente a salvo de que puedas descubrir cualquier sentimiento que le haga vulnerable.
El caso es que poco a poco me iba llamando, y yo a él, más que nada para no perder el contacto, aunque yo sabía que era su manera de decir “lo siento, no quiero perderte”, y con eso me conformaba, aunque siguiera llorando cada noche por estar tan lejos. Estuvimos así como medio año. Yo trasladé mi expediente a la universidad de mi ciudad y reanudé mis estudios. Hablábamos frecuentemente, como aquellos tiempos cuando sólo éramos unos adolescentes con tantos sueños queriéndose cumplir, y nos pasábamos el día hablando. Un día. En uno de los tantos arrebatos que forman mi persona, me apeteció mucho verle. Y se lo dije sin más, sin rodeos.
- Me gustaría verte, Rich.
- No sé si sería una buena idea…
- Ni yo, pero prefiero arriesgarme. Por favor, seré buena.
Sabía que él no me diría que no, aunque nunca llegué a saber si de verdad quería verme o simplemente se vio en el compromiso. Yo quería pensar que sí tenía ganas. Lo que sí le puso en un compromiso fue el pedirle dormir en su misma casa. Intenté por todos los medios quedarme en casa de alguien, pero volvían a ser vacaciones y no quedaba nadie de los míos por esos lares. Sólo él. No sabía qué haría cuando le viera, pero no quería ni planteármelo. Sólo verle sonreír, y ya podría volverme.
El viaje en tren se me hizo eterno. Sin embargo, cuando quedaba apenas media hora, me entró el pánico, como siempre. ¿Qué hago yo aquí? – me decía – Me estoy metiendo en la boca del lobo, como siempre. Ojalá todo salga bien…
Bajé del tren que servía de conexión entre su vida y la mía, y me mezclé entre la gente. Como no, antes de que él se hubiera dado cuenta siquiera de mi existencia, yo ya lo había visto. Con sus típicos aires pasotas, pero nervioso. Miraba a la gente haciendo que no miraba a nadie. Y entonces me vio. Por un instante me pareció verle sonreír, pero eso era adelantar acontecimientos. Me acerqué, y tímidamente, como siempre solía ser, le saludé.
- Hola, Rick.
Tengo intenciones de continuar unas paginillas más esta historieta. Tengo que decir que he rectificado algunas cosas con respecto al primer “capítulo”. En él dice que era verano cuando se veían, pero realmente son vacaciones estándar, no es ninguna época concreta del año. Eso os lo dejo a vosotros. Y bueno, también en este capítulo habréis visto que es lo mismo pero desde la visión de la chica, la cual ha sido la narradora propia, no como en el otro que Richard era un personaje más. Bueno, pues ya iré publicando cosillas. Gracias por leer a los pocos que lo hacéis, y muchas más gracias por comentar. Por cierto, los que lo hagáis, si no os importa, dejadme un link o algo para poder devolveros el comment, que si no me sabe mal. Un beso =)
viernes, 4 de julio de 2008
Buenas noches, Insomnio
Escribí un poema el cual por ahora no publicaré porque los que me conocen saben que se me da peor que mal. Siempre fui más de prosa.
jueves, 3 de julio de 2008
Ríndete I
- No deberías ir a verla. Sólo conseguirás…
- No pretendo conseguir nada. No puedo hacer como que no va a estar cuando viene sólo por verme.
- Así nunca la olvidarás.
- Eso es algo con lo que ya contaba.
Richard salió, sabiendo que su amigo tenía razón y que sin embargo, no podía sino dejarse llevar, aunque sólo fuera para contemplar por una vez más su sonrisa, sus meteduras de pata tan entrañables, y esa mirada fija que hacía no ver pero que sabía que tenía sobre él cuando algo no iba bien. No pensaba tirarse al vacío, pero era demasiado importante como para negarle la estancia. De todas formas ya habían pasado 6 meses, y aunque no quisiera reconocerlo, se moría de ganas por verla. Se quedaría unos días en su casa de la playa. En principio Richard intentó que se quedara con alguna amiga, pero ausentado todo el mundo al ser verano, no pudo sino ofrecer su casa.
Hacía medio año que Richard había dejado a Ashley. Aún le dolía recordar las lágrimas en su cara, diciendo por qué, y mostrando un lo sé. Eran amigos desde pequeños, a pesar de vivir en ciudades diferentes. A medida de que se hacían mayores, iban sintiendo como la amistad que los unía iba tomando otros matices, y cada vez que se veían no sabían cómo ocultar sus sentimientos por miedo a que el otro se diera cuenta y se alejara. Al fin, un día Richard se apareció por sorpresa en casa de Ashley y le dijo que la quería. A los 18, Ashley se mudó a la ciudad de Richard y comenzaron a vivir una historia de amor preciosa. Pero poco a poco ella se dejó absorber por su carrera y apenas tenía tiempo para él, el cual también estudiaba pero no era su vida. Además, no podía soportar que anduviera tanto con ese tal Carter, compañero de carrera. Se le notaba a 300 leguas que iba detrás de su chica. Ella negaba y negaba, pero Richard sufría, y las malas lenguas no ayudaban. Una tarde que fue a recogerla a la universidad para salir a cenar, los encontró abrazados y no pudo aguantar más. Se fue y la dejó esperando.
A la mañana siguiente Ashley se presentó en su casa, llorando. Richard, casi sin poder articular una palabra, le dijo que lo mejor sería dejarlo. No le dio explicaciones, ni dio lugar a que ella le dijera que ese abrazo se debía al suspenso de Carter, el cual no pasaría de curso. Le pidió que se marchara, que sería lo mejor para los dos. Ella se quedó en la puerta plantada, llorando y mirándole, preguntándose que había hecho mal, y corrió a abrazar a Richard. Él, conteniendo las lágrimas y sus ganas de abrazarla, se quedo parado, y ella, cabreada, se fue.
A la semana se enteró de que ella había vuelto a su ciudad, y que el próximo curso lo haría allí. Fue Carter el que se lo dijo. Se lo cruzó y le paró.
- ¿Qué coño le has hecho?
- No te entrometas en esto más , cabrón, que bastante la has fastidiado ya, ¿no crees? Ahora ya puedes hacer algo más que darle abrazos a escondidas y a saber qué más, porque está libre.
- Pero, ¿qué dices?
- No te hagas el tonto. Llevo viendo todo el curso cómo no te despegas de ella, y os vi bien abrazaditos el otro día, así que no me chulees.
- … Te vas a arrepentir de lo que has hecho. Ashley ha estado ayudándome todo el curso porque no soy de este país y me he tenido que adaptar, y lo del abrazo… de verdad que eres tonto… Si nos viste abrazándonos fue porque a pesar de todo suspendí y me dolió, imbécil.
- ¿Qué? Mira, déjame empaz.
Así fue como descubrió la estupidez más grande que había hecho. Al mes Ashley le llamó y le preguntó cómo se encontraba. Estuvieron charlando un rato y al final se atrevió a decirle:
- Hace unas semanas Carter me llamó, y me contó que habíais estado hablando. Richard, yo no sabía que pensabas eso… Te podría haber explicado…
- Ahora es igual, es mejor así, llevamos toda la vida juntos y si no hubiera sido por esto hubiera sido por otra cosa. Los dos estábamos quemados, ya no sentíamos lo mismo – mintió.
Desde entonces hablaban de vez en cuando, solía llamar ella para ver cómo estaba y para saber qué tal le iban las cosas. No le importaba tener la iniciativa, ya que conocía de sobras a Richard y sabía que le costaba, aunque a veces se diera rabia a sí misma por hacerlo después de lo que había hecho. Al final hablaban casi todos los días y habían recuperado ese buen rollo que tenían de jóvenes.
Un día, en una de sus largas conversaciones telefónicas, las cuales desembocaban en teechodemenos y meencantaríatenerteaquíconmigo mentales, Ashley le dijo:
- Richard… he estado pensando, y… Bueno, hace tiempo que no voy por allí, y se echa de menos a la gente, y no sé… me gustaría verte y pasar contigo unos días.
- …
- ¿Estás ahí?
- Sí… Bueno, a mí también me gustaría verte pero no sé si sería…
- Por favor, Rich, déjame verte…
- Está bien.
No sabía cómo lo hacía, pero siempre acababa convenciéndole. Pero la verdad es que estaba contento, aunque no lo dijera en alto. Sólo con ella se sentía importante.
Pasaron las semanas y por fin llegó el gran día. Nervioso en la estación, miraba el gran reloj que le indicaba que ya debía haber llegado. Mareas de personas por todo el lugar, y ella no aparecía. De repente, entre toda aquella multitud, vio sus ojos penetrantes, su sonrisa tímida y su mano alzada. Se acercó y se quedó frente a Richard.
- Hola, Rich…
domingo, 22 de junio de 2008
Orgullo y dignidad
Respira el mismo aire pero no lo comparte. No se deja ser de nadie, huye en cuanto existe la posibilidad. No es por independencia, es por miedo. Observas cómo te mira pero hace como que no te ve.
Hablemos de dignidad y de orgullo. ¿Por qué se tiende a relacionarlos? No se equiparan. No pierdes tu dignidad por no mostrar orgullo. Sin embargo, todos lo creemos. Nos pasamos la vida actuando y haciendo las cosas de la manera contraria a como querríamos que se hicieran, y sin embargo, nuestra excusa es: porque tengo orgullo. ¿Qué orgullo? ¿Es para sentirse orgulloso no hablarle a alguien importante, o comportarte mal adrede, o decir Y cuando sientes X? Se hace continuamente, y lo veo una tremenda gilipollez. No crean que me excluyo, aquí servidora lo ha hecho 1001 veces, pero cada vez lo veo más inservible. No sirve de nada decir algo que no sientes, o actuar de forma contraria a ti. Cuando por piques, o por mantener la postura, te muestras duro, pasota, indiferente… lo único que provocas daño a otras personas y a ti mismo, y sinceramente, prefiero decir te echo de menos como te echo, y estar tranquila, que decir o mostrar un paso de ti, y saber que es mentira.
Hablemos ahora de dignidad. Y veréis como es al revés de lo que pensamos. Cuando pierdes tu dignidad es porque no has actuado conforme a ti, cuando te has rebajado a los pensamientos o acciones de otra persona y te has sometido. ¿Y todo esto no pasa cuando por “orgullo” somos diferentes a nosotros mismos? No haré nada que no quieras que haga, pero no me voy a comportar como si no fuera. Tengo dignidad, y orgullo para sentir lo que siento sin esconderlo.
miércoles, 18 de junio de 2008
Otro más

lunes, 16 de junio de 2008
Cadena perpetua

domingo, 15 de junio de 2008
Lástima que el tiempo no perdona
