Eternidad

*Recuérdame como un día imaginaste que fui

domingo, 27 de febrero de 2011

Sinceridad de Srta. Nostalgia

Son las cinco y media de la mañana. Acabo de llegar de una tan deseada noche de adrenalina, de esas en las que las horas pasan y pasan al ritmo de melodías que obligan a mi cuerpo a mantenerse en un continuo movimiento. Es lo único que me gusta de alguna discoteca. El ritmo.
Mientras venía hacia casa, recordé aquella vez, hace dos años ya, en la que también volví de fiesta a casa y, debido a los sucesos que ocurrían en esa época, mi sangre hervía por la necesidad de escribir. ¿Vodka, recuerdan? Dos años después, la ciudad es diferente, las compañías totalmente nuevas, el vodka no es sólo una falsa excusa para poder expresarme con sinceridad, sino que esta vez sí me lo bebo, quizás porque al ser negro hace juego con mi alma y se atraen. Desde luego, yo ya no soy la misma de entonces, pero sólo hay una cosa que no ha cambiado, y es que al llegar he necesitado escribir sobre/para/por ti, con la diferencia de que ahora el único suceso que ocurre es que no hay ningún suceso. No hay nada, 0, vacío, ignorancia pura.
Quizás sea por el hecho de que salgo tan poco de fiesta y que las pocas veces en que lo he hecho estabas tú esperándome al otro lado de la pantalla cuando volvía, ya fuera literal o figuradamente (condicionamiento clásico, creo. Psicólogos, corríjanme). Pero ahora no hay nada. Sólo estoy yo, con mi sangre a punto de estallar si no escribo.
Como de costumbre, la música bloqueó mi mente y me permitió dejarme llevar sin pensar en nada. Más tarde llegó el vodka, que sorprendentemente me sentó muy bien. Algunos hombres se acercan, pero no hay nada nuevo por ver. No hay esencias puras, sólo mediocridad disfrazada de alcohol. Y una vez el pico de máxima diversión llega, al pasar, empiezo a ponerme nerviosa, y a querer irme. Así pues, me voy, y en el metro, sin saber por qué, en medio de gente desconocida, te recuerdo y lloro. Porque ya no estás. Ya no estás.
Y realmente es mejor así, pero no estás. Y mi vida no va mal, va en progreso, pero ya no estás. Y como hace dos años, llegué a casa y necesité de verdad escribir. Ahora ya no me afecta el contacto contigo, el acto de “holar”, ¿recuerdas? Ya no hay nada de eso. Ahora sólo estoy yo, el vacío y la ignorancia. Y el vacío. Lo único genial, maravilloso, es que vuelvo a necesitar escribir. Ya sabes lo feliz que me hace volver a sentir esa inquietud si no vomito mis verdades como puños, pero eso me lleva a pensar que… ¿he retrocedido? ¿Vuelvo al punto de partida? ¿Vuelvo a ser aquella chica de 17 años? No, ya nunca volveré a serlo… Pero, ¿en esencia? Hay una cosa que sigue intacta.
Otra cosa muy saludable en mi vida es que ya no hay más incertidumbre. Tengo claras las cosas, no vivo con miedo ni con inseguridad sobre el día de mañana en cualquier sector. Esa sensación que me hacía morir un poquito cada día, ah… me alegro de que ya no esté.
¡Pero es que ya no estás! Ni por escrito, ni por hablado, ni por materia, ni por esencia, ni literal, ni figurado, ni en las alegrías, ni en las penas, ni en la salud, ni en la enfermedad, ni en el matrimonio, ni en el divorcio… En fin, queda claro. ¡Y es como tiene que ser! Pero no estás.
Y no puede ser de otra manera porque yo jamás confié en ti a consecuencia de tus actos y eso conllevaba a asfixias de todo tipo hacia tu persona por mi parte. Un círculo vicioso que nunca hubiera acabado, y que nunca acabaría. Pero ya no, ya no.
Así que, en mi última esperanza (siempre vivo de ellas) de que sigas leyéndome de vez en cuando, dado que estoy muy poco lúcida por el sueño que tengo y por el poco alcohol que llevo encima, me da igual lo que estoy escribiendo (mañana me arrepentiré, intentaré no borrarlo, por mis escasos lectores), te digo que deseo que estés bien de todo corazón. Que echo de menos los buenos momentos (ahora ya sí que los recuerdo), el tener a mi lado a una persona tan antigua en historial, que aunque no me entendiera, me conocía. Que aunque lo tenga superado ello no significa que te haya olvidado. No, fuiste la persona más importante en mi vida, y eso es muy difícil de pasar por alto, aunque me partieras el corazón tres-tas veces. Y ése es el motivo principal por el que hoy puedo seguir escribiendo y haciendo cosas decentes, porque aún hay mucho material que puede salir de mí gracias a ti. Y tu Anaís, por descontado, seguirá viendo la pureza que hay en ti por encima de todo. No se puede esperar otra cosa de ella, es Anaís.
Deseo que estés bien.
Al margen de tanta mierda vomitiva, queridos lectores, hay otra cosa que permanece intacta respecto a aquella época:
Necesito algo. ALGO.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La pena de Ashley

Su aparición fue un antes y un después en nuestras vidas. Ella dio un cambio de color en cada matiz de nuestra odiosa rutina. Y cuando se fue, la oscuridad fue aún mayor que antaño.

Anaís por fin pudo regresar, y Richard y yo, nos quedamos solos. Él, porque ella había desaparecido para siempre. Y yo… bueno, porque al desaparecer Anaís, Richard ya nunca volvió a ser el mismo, y fue lo que yo perdí.

Richard no pudo soportar el vacío que ella, ese ente odioso que acabé sin remedio por tomar cariño, y todo lo que le recordaba a ella (básicamente el mundo en sí) era demasiado para su día a día. Así que decidió cambiar de hastío, abandonando las infinitas cosas que relacionaban su existencia con ella. Y entre esas muchas cosas, estaba yo, claro. En momentos como aquel deseé, muy a mi pesar, que hubiéramos hallado la manera de retenerla aquí, aunque tuviera que vivir con el corazón roto, para que Richard sintiera esa paz que sólo ella sabía proporcionarle, porque con su ausencia, a mí se me arrebataba lo único valioso que había en mi vida: él. Era una mujer exitosa, ya lo saben, desde que mis primeros (y ahora desgastados) tacones tocaron esta ciudad de polvo, nada volvió a ser igual. Dinero, hombres, buena salud, buenos proyectos… todo eso era insustancial, y lo sigue siendo. Solamente servía para mantener mi ego en un alto lugar y para sobrevivir. Pero Richard… él fue la primera persona que consiguió sacarme algo más que un polvo y una bordería. Sabía cómo era y me aceptaba. Y lo sigue haciendo. Nunca me amó, pues a pesar de que el sexo era salvajemente bueno, pocas veces se quedó dormido a mi lado, y en sus ojos nunca vi nada más que una profunda y amistosa conexión de dos personas que comparten la soledad y algún que otro vicio. Podríamos haber sido la pareja perfecta: dos misántropos, amantes del cine, de la buena música, sexualmente activos, inteligentes… Pero faltaba amor, amor por su parte. Él sabía perfectamente que yo jamás le haría feliz, principalmente porque él no podría haber cuidado nunca de mí, o al menos siempre tuvo esa sensación. “Tú eres demasiado mujer para mí”, solía decirme. Y yo, triste, me castigaba por no ser capaz de mostrarle que era la mujer más sensible que podría haber en todo el mundo, realmente. Nunca me amó, y nunca lo haría. No como yo quería que lo hiciera. Pero a pesar de todo, yo siempre le quise. Aun cuando Anaís apareció en nuestras vidas, rompiendo el equilibrio que habíamos conseguido, aun cuando él se obsesionó por mantenerla con vida y ya no me llamaba para otra cosa que no fuera accesos y ayuda para la chica “de otro mundo”. “¿Estás loco?”, le dije cuando vino con ese cuento de hadas. Pero él sabía que yo, por alguna extraña razón, le creería, y le ayudaría. Y así fue.

Y ahora Anaís ya no estaba. Con su marcha, las sonrisas que habían poblado la cara de Richard habían dado paso a una cara larga y melancólica, o ni siquiera eso. Tan sólo vacío.

Al principio Richard agradecía mi presencia, pues yo era la única prueba de que Anaís era real, de que sí había existido, así que pasamos mucho tiempo juntos, pero a la larga le acabó pesando demasiado la carga de vivir sin ella, y yo no hacía otra cosa que aumentar ese dolor, por lo que se fue. Abandonó la ciudad, su trabajo, la poca familia que tenía, y por supuesto, me abandonó a mí. Cómo lo pasé (y lo sigo pasando) es algo que sólo sabré yo, pues mis tacones jamás se tambalearán mientras yo los lleve puestos. Pero mi vida, el poco color que tenía, se fue junto a él.

Y una vez más, me tocó sobrevivir al dolor. Mientras estaba ocupada, no era demasiado difícil. La gente consideraba que era una mujer exitosa y feliz. Lo primero, de acuerdo. Lo segundo… en fin, qué fácil es engañar al mundo. A veces hasta me reía, pero nunca era esa risa profunda y sincera, ni esas sonrisas que sólo él conseguía sacarme. Él nunca me amó como yo quise, pero me amó. Cuidó de mí, cuidó de nuestra soledad. Y ahora él había decidido huir del dolor.

Pasaron las semanas, los meses, y lo único que tenía de él era el recuerdo. Deseaba con todas mis fuerzas que estuviera bien, que ojalá hubiera aprendido a vivir con el dolor. Que la hubiera olvidado sin olvidarla, pero no sabía nada de él. Hasta que un día, un correo anónimo, sin más, hizo palpitar mi aletargado corazón.

“Escucho el sonido de tus tacones desde la distancia”

Y deseé que fuera él.

domingo, 20 de febrero de 2011

¿Srta. Nostalgia?

Antes estabas tú para darme las cuatro palabras que hacían que de la nada salieran las historias más bonitas. De forma directa o indirecta, bien por amor o bien por dolor, hacías que saliera de mí la inspiración que daba vida a Ashely, Anaís y Richard. Pero todo eso hace mucho tiempo ya, demasiado, que te lo llevaste, y sólo ha quedado el vacío latente de algo que nunca fue pero que siempre estuvo. Y ya no escribo nada, porque no tengo nada que escribir.
Porque la toxicidad con la que me alimentabas era pura poesía para mi mente, me retorcía de dolor cada día, pero vomitaba palabras que se entrelazaban en mi cuerpo y me hacían sentirme viva, inconformista. Quería no pasar desapercibida en el mundo, que en algún lugar de la red estuviera yo, que no quedara en vano mi decadencia. Quería estar presente, y lo estaba.
Anaís se convirtió en mi mejor amiga, en la parte más pura de mi persona, la que daba nombre a mis sentimientos cuando yo no tenía fuerzas ni para abrir los ojos. Siempre tan bonita, siempre tan inocente, siempre preguntándose por qué no podía volver a Norealidad, donde podía alejarse del daño que nos hacías cuando no estabas. Porque nunca estabas, ni siquiera cuando aparentemente sí. Que Realidad la consumía, y no hacía otra cosa que llorar ante tanto hastío.
Más tarde, deseosa por vivir, aunque fuera en mi imaginación, la historia de amor más pasional y arriesgada que jamás pudiera existir, nació Richard, de donde inevitablemente tuvo que aparecer Ashley finalmente. Todo para apaciguar el vacío que dejabas tras de ti. Personajes tan reales que forman parte de mí que tengo tan abandonados, porque no sé darles lo que merecen.
Jamás fui tan pura como en aquel fatídico 2009. Y decir fatídico es injusto, porque ahora, desde la lejanía, lo recuerdo como el año más sustancial de toda mi vida. Tú te volviste a ir, y me dejaste llena de preguntas sin respuesta, hastío, ganas de morir y misantropía hacia el mundo no reconocida. La consecuencia de todo ello fue textos y más textos llenos de verdades como puños que me ayudaban a mí y hacían que algunas personas no se quedaran indiferentes al leerlos, y eso era maravilloso. Apareció mi gran salvador, mi querido Sayer, que no me salvó del dolor, pero sí me enseñó a vivir con él, a disfrutarlo y a sacarle provecho. Qué meses más geniales a su lado, donde la pasión, las uñas y labios rojos, las femmes fatales, las noches sin caer por apoyarme en él… Son cosas que jamás olvidaré. El amor tan ambiguo que sentí por él impidió que me diera por vencida, porque fue lo único que fui capaz de sentir de forma positiva en esa época. Y gracias a él empecé de nuevo a sonreír.
Todo lo demás estaba bien, en el instituto me iba genial, había una camaradería reconfortadora entre mis compañeros que ya nunca más volveré a tener, y cantaba cada día, con los sentimientos a flor de piel. Visité la Metrópolis, me enamoré locamente de ella, y vivimos un romance furtivo, aunque ella ya sabía que mi corazón era de la Ciudad Condal.
En definitiva, siempre recordaré ese año como el momento más significativo de mi existencia. Cuando más viva estuve, cuando más valor tenía todo lo que hacía.
Y ahora, después de tu salida por la puerta de atrás, donde ya no volverás a entrar, todo es demasiado diferente, como era de esperar, y es ahora cuando más mella hace todo el pasado. Toda mi vida de entonces ya no es mi vida de ahora. No queda nadie viejo en mi día a día, nadie que sepa del todo mi camino como persona. Desde luego, tú tampoco lo sabías, pero para mí era suficiente con que estuvieras. Muchas personas nuevas, demasiadas personas finalizadas. Y es todo tan nuevo que no me gusta nada. Que prefiero ser Srta. Nostalgia y acordarme de aquellos días donde me acostaba llorando y me despertaba igual, pero donde sentía que cada cosa que hacía o decía significaba algo, que predeterminaba hacia qué dirección giraban las cosas. Y son pocas las personas que cumplen antigüedad. Ya no estás tú, ya no está Sayer, ni ellas, y sólo queda esperar que del montón de nuevas personas quede alguien a quien pueda acostumbrarme y pueda acompañarme en este camino, que ahora mismo es insustancial, porque no encuentro el sentido, no encuentro la pasión que siempre me ha caracterizado. Y yo, sin pasión, no me muevo. Por tanto, estoy quieta, impasible, fría. Sin sentimientos, añorando los momentos en los que mi vida tenía mucha importancia, y El club de las pasiones era más activo que nunca.
Supongo que todo, tanto lo bueno como lo malo, te lo he de agradecer a ti, como siempre.
Anaís busca Norealidad porque quiere escapar de aquí. Los hechos son como patadas en el estómago y ella es demasiado frágil para poder soportarlo. Richard, frustrado, se siente impotente porque el amor de su vida se va desvaneciendo poco a poco si no encuentra el modo de devolverla a donde pertenece, y a la vez sufre porque sabe que al hallar la solución ella se marchará para siempre. Ashley, la peor parada, como siempre, se resigna a ayudar a Anaís a volver a Norealidad porque Richard es lo más importante.
Y Srta. Nostalgia sigue sentada en la mesa, con las manos en el portátil, sin saber qué escribir, ni qué hacer, para que todo vuelva a cobrar sentido y vuelva a sentir que su existencia no es meramente circunstancial. Que aún queda algo de lo que fue, que aún puede volver a curarse con sus pensamientos. Que no ha dejado de ser esa esencia reconfortante, que no es mediocre. Que su existencia no será mediocre.
- ¿Srta. Nostalgia?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La última hoja

No digas que me escuchas cuando no lo haces. No pretendas hacerme creer que controlas la situación, que eres lo suficientemente maduro y sensato como para no dejarte llevar por tus intentos irracionales de supervivencia.

- Mierda- dijo Srta. Nostalgia

- ¿Qué ocurre? – preguntó Ashley

- No fluyo. Eso es lo que ocurre. Las palabras están tan atascadas como mi cabeza. No tengo un leitmotiv sobe el cual escribir. A tomar por culo – dijo Nostalgia mientras tiraba al suelo la última hoja.

Mucho había llovido desde entonces, y cada día la prosa estaba más agarrotada y llena de polvo, igual que los álters. Ashley se había cansado de discutir e insultar a su autora, pues llegados a un punto, todos sabían que no serviría de nada. Anaís, sin embargo, posaba su mirada triste y perdida, desde las manos de Srta. Nostalgia hasta las infinitas hojas desperdiciadas por el suelo. Pero Richard callaba. Sabía perfectamente los patrones de su creadora, y el motivo por el cual ya no escribía.

- Ah… recuerdo aquellos tiempos en los que sacaba brillo a mis múltiples tacones para dar patadas vomitivas en estómagos resecos con mis puntas infinitas – divagaba Ashley

- Lo cierto es que aquel pintalabios carmín te favorecía mucho – apuntó Anaís

- Lo sé. Hasta preferiría ver cómo Richard se devana por tus sesos antes que estar en esta decadencia tan aburrida.

- Sigo amándola con locura, Ashley. Lo siento – saltó Richard

- Lo sé, lo sé… Qué remedio. Pero ése no es el caso. La cosa está en que estamos enmohecidos, llenos de polvo, sin vida. ¿Desde cuándo Anaís puede estar tiempo indefinido en Realidad?

- Desde que la historia no avanza – dijo Richard.

- ¡Exacto! Y ése es el problema, que la historia no avanza.

- Ashley, para de quejarte –intervino Anaís – Sabes la nueva situación. ¿O ya no te acuerdas por qué nos creó Srta. Nostalgia? Porque necesitaba apoyo con el que luchar. Sí, luchar. Antes quería y podía luchar. Pero ahora… parece ser que aunque quiera, no puede, y deberías entender eso. ¿O acaso tú no querrías olvidar a Richard? Pero no puedes, no aún

- ¡Porque la historia no avanza y lo sabes!

- Es igual, Ashley, el caso es que no puedes ahora. Está claro que aún no nos puede dejar ir pero no sabe qué hacer con nosotros. Lo que está claro es que nos piensa, porque lo hace. Algo así como en Una mente maravillosa, nos lleva todo el día en su mente. Así que por favor, no seas mala con ella.

Srta. Nostalgia resopló y resopló, intentando que las voces de sus álters perdieran fuerza en su cabeza. Pero en realidad tenían razón, todo se le había escapado de las manos. No había nada de control ni estabilidad en su vida, ni siquiera en los ámbitos que nunca le habían dado problemas. Ya no sabía qué hacer, y no tenía la brillantez de antaño para encontrar el signo positivo que resolviera de forma satisfactoria la ecuación.

Ni bebiendo el Vodka, ni fumando los cigarrillos, porque no los necesitaba, porque había un atisbo de luz en los ojos de una persona. Y eran esos los únicos momentos en los que Srta. Nostalgia se sentía llena de vida. Pero poco podía disfrutar de esa luz embriagadora proveniente del Sol más grande, y el resto del día reinaba una oscuridad absoluta. Peor que una luna.

Y en la oscuridad me hallo en este momento.

lunes, 18 de octubre de 2010

Feliz cumpleaños

Sin pensarlo, y contra todo pronóstico, tal y como cierto genio vaticinaba, llegó un día en el que me cansé de tanta gilipollez, de tanta subnormalidad propia de niños caprichosos y retrasados, sin ninguna motivación mayor que el “me da igual todo” como forma de vida. Mucho más fácil la supervivencia de esta manera, ya que la implicación es mínima y por tanto el riesgo es aún menor. Qué mediocre, sin embargo, me parece ahora una existencia tan nula, cuando no hay nada en la vida que te haga sonreír, o te ilusione para salir y comerte el mundo. Qué vacía.

Y el problema es que a veces estas personas intentan jugar con los sentimientos. Pretenden querer, amar, convivir con la gente… Pero no pueden. No pueden porque para querer se ha de saber QUÉ es querer. Y eso no se aprende, se siente y punto. No hay más. Pero claro, esto es lo que ocurre cuando la Luna ve al Sol y se enamora completamente, queda hechizada por su brillo, y quiere ser así también. Quiere brillar. Cree que puede brillar, pero tan sólo es una Luna que sólo aspira a ser el reflejo de la luz de otros soles.

Bien es cierto que en los eclipses la Luna tapa por completo al Sol, dejando por tanto de brillar. Pues me siento como si durante mucho tiempo me hubieran arrebatado la luz. Porque cuando no es tuya, quema, arde, te abrasa la piel, la odias, porque es tan… potente, arrebatadora, arrasadora, que alguien que no la emite no podría soportarla, y, ¿qué mejor modo de calmar los sentimientos negativos jodiendo la existencia del otro para así estar al mismo nivel?

No he tenido luz, alguien a quien me entregué en cuerpo y alma me la robó porque le recordaba constantemente que él sólo era una sombra mediocre y del montón. Que podría haber brillado si quisiera, pero alguien con el “me da igual” como forma de vida jamás puede brillar. Jamás. Así que yo queriendo ser radiante y sin poder serlo. Queriendo sonreír y viendo que sólo salían resquicios de tiempos pasados en los que la risa era gratuita, los días eran soleados (porque yo brillaba), y la vida era un pelín menos amarga.

Pero cuando la persona que más te importa en el mundo se vuelca de lleno en hacerte sentir miserable, como un defecto de fábrica en sí, siendo todo lo relacionado con mi persona negativo e insoportable, una llega a pensar que realmente se equivocaron al crearme. Que mi ADN estaría excesivamente mutado y que yo era el resultado más nefasto de la humanidad.

Y entonces llegó alguien. No alguien cualquiera. Otro Sol, que por supuesto reconocía el brillo marchito detrás de mis ojos tristes y mi sonrisa torcida. Me enseñó toda la verdad desde el principio, y yo no le hice ni puto caso. Porque ante todo yo tenía que defender a quien me importaba. Y mareada como estaba de tanta incertidumbre, de tanto hijoputismo y niñatería, como si yo fuera una puta margarita a la que deshojar una vez tras otra porque no duela nada que vayan arrancando hoja por hoja. Claro que duele, duele muchísimo, es una tortura que no ha tenido fecha de caducidad NUNCA, y que cada vez ha pesado más, pero sin importar, pues las personas que sabemos querer DE VERDAD no tenemos en cuenta que nos vayan castigando y dando puñaladas COBARDES una vez tras otra. Hasta que llega un punto en el cual por alguna extraña razón que aún me cuesta comprender Sí se empieza a tener en cuenta. Sí se comienza a ver que no es así porque te lo mereces, que te habla mal porque has dicho una estupidez, que se enfada porque lo has provocado. Que no te lo mereces. Que nunca te lo mereciste.

A veces la vida es muy injusta, pero al final, señoras y señores, el tiempo pone cada uno en su lugar. Y los hijos de puta retrasados que tratan así a la gente porque tienen un dilema mental impresionante, porque no les han querido y por tanto no se quieren, porque no saben ni lo que sienten ni por qué lo sienten, porque no entienden que la gente pueda tener afección por ellos, porque la rechazan y joden la existencia de las personas con buenas intenciones, como lo fui yo. Y me compadezco tristemente, porque todos en esta vida estamos jodidos, pero no me gustaría tener una mente tan oscura y desconocida, y menos me gustaría no poder llegar a querer nunca a nadie, ni a mí misma, por no decir que odiaría destrozarle la vida a alguien puro e inocente que solamente intentó compartir una vida conmigo.

Gracias a ser como soy, alguien maravilloso, no sé cómo, y aún se lo estoy agradeciendo cada día, pudo atravesar mi barrera mental y pudo llegar a mí, Pudo ver TODO lo que pensaba y sentía, y tuvo que lidiar con su propia frustración al ver que yo no dejaba de pensar lo que pensaba, que no veía la luz por alguna parte. Pero este maldito ser superior lo consiguió, NO SÉ CÓMO, pero lo consiguió.

Y gracias a él volví a sentir… algo dentro de mí, algo puro, en medio de todo un caos de sentimientos enfrentados y demasiado marchitos ya, demasiado hastiados de tanto mareo. Volví a sentir la pureza de los sentimientos más sencillos y bonitos.

Que mientras el falso rey del mundo se creía Dios por humillarme y dejarme mal, esperando a que COMO SIEMPRE, volviera a chuparle la polla tarde o temprano, yo estaba mirando fijamente a los ojos de la persona más única y maravillosa que jamás he conocido, dejándome llevar por la tranquilidad que me transmitía, y teniendo la certeza de que Él sí que se trataba de un Dios de verdad, de un ser superior al que de alguna manera interesaba y conectaba directamente con mi mente..

Y por culpa de esta persona, afortunadamente, ahora puedo hacerme este grandioso regalo de cumpleaños, ahora puedo ver la mierda en la que he estado metida más de 4 años, creyendo que era caviar del bueno, y por fin, POR FIN, puedo decirte esto:

TU JUEGO CONMIGO SE HA ACABADO.

No vas a engañarme más. Que por mucho que sigas pagando tu soledad castigándome, a mí ya no me hace daño, porque aunque te crezcas delante de mí y pienses que sin ti no soy nada, esa canción ya es historia para los dos, porque cuando te giro la cara y sigo mi camino, sólo estoy pensando en una persona.

Y esa persona NO eres tú.

Feliz cumpleaños, Ana.