Eternidad
*Recuérdame como un día imaginaste que fui
martes, 26 de enero de 2010
Como si no tuviera algo mejor con lo que perder el tiempo
martes, 15 de diciembre de 2009
Hacia Belén va una burra (o 40.000)
Los más sensatos – que son pocos – nos toleran. No comprenden necesariamente nuestras formas, pero prefieren no meterse en “camisas de once varas”. De todas maneras, su vida es demasiado sencilla como para intentar complicarla.
Sin embargo, hay otros “seres” que, no sé si por su “generosa” bondad o por falta de “vida” en su vida, se dedican a trazar planes para mejorar la calidad de nuestra existencia.
Nos observan, lo hacen durante todo el tiempo –demasiado-, y nos miran apesadumbrados, con pena, con compasión en los ojos. -“Oh, pobres niños encomendados al diablo. Mira cómo viste/habla/camina, mira cómo se pasa el día en el ordenador, haciendo a saber qué maldades (tal vez leer, escribir, o incluso estudiar, pero si lo supieran su leitmotiv se iría a la mierda), mira cómo se pasa todo el día con el novio, mira cómo va sola a todas partes, no tiene amigos.”
Y es la propia bondad de esos seres, su narcisismo a rebosar, el que les hace intentar conducirnos por la senda “adecuada”. –“¿Por qué no dejas el ordenador un rato y te pones a estudiar? ¿Por qué no sales con Tengolabocagrandedetantochupárselaalosdemiclase? Se le ve muy correcta. ¿Es que tu familia no te quiere? ¿No crees que deberías acostarte más pronto?”.Y así una sucesión de proposiciones vomitivas.
Pues miren ustedes, mis queridos hombres y mujeres de bien: me importa lo más mínimo lo que crean que es adecuado para mí, siendo personas tan ajenas como lo son. Estaré donde, cuando y como quiera estar. Si quiero acostarme a las 4 de la mañana, lo haré. Si prefiero estar 2 meses encerrada hasta salir con alguien, lo haré. Si paso demasiado tiempo con los susurros de mi mente y mi corazón, no haré nada al respecto. Es más, si me da por hacer el pino en medio de un paso de zebra mientras canto We were born for this, lo haré y seré mucho más feliz que ustedes, porque estaré viviendo al 100%, sin preocuparme de las formas, del qué dirán, de cómo me vean, de todas las consecuencias que ser así conlleva, y me reiré a carcajadas, porque mientras ustedes creen ver, yo veo, y mientras creen saberlo todo, yo puedo ver en sus miradas que ni tan siquiera saben quiénes son.
Mientras ustedes creen vivir, yo me río de la vida. Y disfruto.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Enlace contigo
Las personas, por lo general, funcionan así. Los enlaces son una necesidad, ya que gracias a ellos se obtiene esa estabilidad tan difícil de obtener a veces sin esa mano –enlace- a la que agarrarte cuando vas a caer. Algunos se conforman con uniones mediocres, debilitadas en la mayoría de los casos por banales intereses o frustraciones ocultas, pero no hay nada que llene más que esa fusión total con una persona, con ese nuevo tú que en conjunto formáis. Ambos se convierten en un espejo en el que lo que se ve es lo mismo para los dos, porque la complementariedad es absoluta.
Quizás por eso los enlaces débiles no sean tan dolorosos y fácilmente se olvidan: realmente nunca dejaron huella. No se puede decir lo mismo de las uniones fuertes, pues me harto de observar cada día en las facciones de muchas personas las consecuencias de una rotura de enlace. Se vuelven personas inestables, permanentemente andando sobre una cuerda desgarrada a cada paso que dan. Con el tiempo aprenden a formar un enlace consigo mismo, pero de vez en cuando, si les prestas mucha atención, se puede ver cómo su mirada sigue perdida, con la nostalgia de ese equilibrio que ya nunca volverá a ser el mismo, y aunque con el tiempo se acostumbrarán a su unión individual, jamás lograrán esa estabilidad hasta que retomen la capacidad de receptividad hacia las personas.
-----
jueves, 26 de noviembre de 2009
Misantropía II / Inferno
martes, 27 de octubre de 2009
Ángel
En los meses más duros, donde su esencia era ceniza en mi piel y su ausencia gritos silenciosos a través de ella, incluso entonces, en las pocas veces que me permitía mirar hacia atrás, me reconfortaba dibujar su sonrisa en mi mente, o imaginar sus reprimendas si supiera de mis actos misántropos, o tan sólo recordar sus ojos penetrantes en mi alma. Era otra forma de felicidad, una lastimosa, cruel y desgarradora, pero era mi felicidad después de todo. Siempre me preocuparía, intentaría estar al día, aunque fuera en silencioso lejano secreto.
Al final mi historia tuvo un final feliz, y la amargura fue barnizada con dulce miel. No intenté negar nunca mis sentimientos, porque, ¿para qué? Era más que obvio que yo siempre sería yo y conmigo iría lo importante, pero tampoco era tonta, y prefería amarle en silencio antes que sufrir por no obtener lo que quería.
Pero cuando se trata de ángeles, el miedo es innecesario. Y él es un ángel.
Me iluminó con su luz y me envolvió en calidez desde el momento en que abrí los ojos, y comenzó a cantarme nanas encantadoras hasta que el insomnio, harto, me dejó libre después de meses y meses de convivencia. Seguía temerosa, me gustaba todo demasiado, pero él continuó apareciendo en los momentos en los que me hallaba sin rumbo y no sabía qué camino escoger. Qué estúpida, pues él posee la certeza en sus manos. Y así, volví a sonreír y por vez primera tuve la seguridad de que yo había hechizado a un ángel, y de que estaría a mi lado para siempre. Ya no había cabida para el miedo, las incertidumbres y los inquietantes futuros próximos, todo estaba muy claro, tanto como su cara angelical al sonreírme cada mañana.
Así que gracias, pequeño susurro, porque contigo recordé cómo respirar y reír se conviertió en necesidad. Te quiero.