Lo más fácil sería apagar el pc y acostarme en la cama a la
espera de que Insomnio me dé algo de tregua, pero de vez en cuando tengo que
escribir porque es la única forma de sacarte fuera de mí. Siempre me hago
prometer que ésta será la última vez que te dedique tristes palabras de
postadolescente nostálgica, y siempre sé que en algún momento de las noches que
se van sucediendo romperé la promesa.
Pero ahí estás, acechante a cada pensamiento que vaga por las
calles solitarias de mi mente, y yo me pregunto: ¿por qué lo haces? Me
acorralas en callejones sin salida que yo misma creé, y no es justo. No es
justo porque no es el momento, ambos soñamos con los mismos caminos pero en
tiempos totalmente diferentes, lo que significa que cuando tú llegues donde yo
estoy hoy, ya estaré muy lejos. Sin embargo tus ojos están ahí, me miran
fijamente, observando cada vaivén de mi cuerpo tímido e inseguro, incapaz de
mantener la compostura cuando tú te hallas cerca. ¿Para qué me miras si no vas
a verme?
Te he imaginado en tantísimas situaciones… Como aquella vez
en la que me invitaste al cine por sorpresa, o cuando viniste a recogerme a la
facultad sin más con la excusa de que pasabas por allí. Y cómo olvidar las
veces que me has llevado a la playa al atardecer o que hemos acabado en ella al
amanecer… No sé si tu imán por el mar es más fuerte que el mío, pero cuando
estamos en él es como si todo fuera nítido como la luz del sol. Mis amigas
dirían: “oh, le gustas seguro”, pero yo sabría que no, porque no sería capaz de
acceder a ti, no lo permitirías porque no sería el momento.
Sólo a veces quieres. Y sé que quieres porque quieres que lo
sepa y entonces me lo haces saber con gestos, nunca con palabras, que a fin de
cuentas es como mejor se demuestran las cosas. Si algo no nos sobra son las
palabras. Y quieres que sepa que quieres porque te sientes culpable, porque te
gustaría que éste fuera nuestro momento aun sabiendo que no lo es y que no lo
será. Y cada vez que lo pienso o me haces pensarlo no puedo sino sonreír,
aunque sea tristemente, por todo lo que fuimos en mi mente y nunca seremos en
la vida real. Fue la historia más bonita jamás vivida.
Y sólo me arrepiento de no haberte besado nunca.
Qué guay el diseño del blogui.
ResponderEliminarMuy bonito el texto, debo decir.