Siempre supe que nunca abandonaría mi vida. Aunque el concepto se redujera a un rinconcito de mi cabeza, él siempre estaría presente. Jamás lo dudé.
En los meses más duros, donde su esencia era ceniza en mi piel y su ausencia gritos silenciosos a través de ella, incluso entonces, en las pocas veces que me permitía mirar hacia atrás, me reconfortaba dibujar su sonrisa en mi mente, o imaginar sus reprimendas si supiera de mis actos misántropos, o tan sólo recordar sus ojos penetrantes en mi alma. Era otra forma de felicidad, una lastimosa, cruel y desgarradora, pero era mi felicidad después de todo. Siempre me preocuparía, intentaría estar al día, aunque fuera en silencioso lejano secreto.
Al final mi historia tuvo un final feliz, y la amargura fue barnizada con dulce miel. No intenté negar nunca mis sentimientos, porque, ¿para qué? Era más que obvio que yo siempre sería yo y conmigo iría lo importante, pero tampoco era tonta, y prefería amarle en silencio antes que sufrir por no obtener lo que quería.
Pero cuando se trata de ángeles, el miedo es innecesario. Y él es un ángel.
Me iluminó con su luz y me envolvió en calidez desde el momento en que abrí los ojos, y comenzó a cantarme nanas encantadoras hasta que el insomnio, harto, me dejó libre después de meses y meses de convivencia. Seguía temerosa, me gustaba todo demasiado, pero él continuó apareciendo en los momentos en los que me hallaba sin rumbo y no sabía qué camino escoger. Qué estúpida, pues él posee la certeza en sus manos. Y así, volví a sonreír y por vez primera tuve la seguridad de que yo había hechizado a un ángel, y de que estaría a mi lado para siempre. Ya no había cabida para el miedo, las incertidumbres y los inquietantes futuros próximos, todo estaba muy claro, tanto como su cara angelical al sonreírme cada mañana.
Así que gracias, pequeño susurro, porque contigo recordé cómo respirar y reír se conviertió en necesidad. Te quiero.
martes 27 de octubre de 2009
miércoles 30 de septiembre de 2009
El fin
Era un día raro.
Me desperté con la sensación de pesar, como si mi cuerpo se preparara física y mentalmente para algo que parecía rutinario. Tras lavarme la cara me observé frente al espejo: la misma barba sin afeitar, la frente –permanentemente ya – arrugada, el pelo alocado… Pero había algo que no encajaba con mi Outlook. Ya no tenía esas horribles bolsas –de basura-, consecuencia de la falta progresiva de descanso, bajo mis ojos, y mis facciones, así como mi cuerpo entero, se hallaban relajados. - Estaré en medio de una pesadilla- pensé, pero lo cierto es que me sentía más vivo que nunca.
Dejé pasar el día enredándose por las curvas de mi ser, y al llegar la noche comprendí que definitivamente la pesadilla había acabado, había puesto fin en mi vida. El infierno ya no tenía más fuego guardado para mí. Y entonces sonreí, y me acordé de las palabras que meses atrás me había repetido una y otra vez con el objetivo de sosegar mi desesperación: “Todo acaba, todo acaba…”. Estaba en lo cierto, porque ya no habría más insomnio, ni pastillas vomitivas. No más vacío ni distancias, ni impotencia ni muertes en vida.
Me sentí con ganas de celebrar la noticia por todo lo alto. Quería que cada persona del mundo supiera que era un hombre nuevo, que ahora Tranquilidad me acariciaba las 24h. Hubiera incluso gritado, pero la imagen que vi frenó mi deseo.
Una chica, de unos 19, se escondía en una estrecha calle poco transitada y dejaba brotar cientos de lágrimas de sus ojos. Por descontado, sabía por su mirada que la desesperación la consumía, y cuando ya sólo cenizas quedaran, aquella pobre princesa desterrada sería una nada andante.
- Siempre habrá almas que perpetúen la existencia del vacío – pensé.
Quise ayudarla, pero bien sabía que de nada serviría. Así que la miré, intentando decirle a través de mis ojos que todo acaba, todo acaba…
Me desperté con la sensación de pesar, como si mi cuerpo se preparara física y mentalmente para algo que parecía rutinario. Tras lavarme la cara me observé frente al espejo: la misma barba sin afeitar, la frente –permanentemente ya – arrugada, el pelo alocado… Pero había algo que no encajaba con mi Outlook. Ya no tenía esas horribles bolsas –de basura-, consecuencia de la falta progresiva de descanso, bajo mis ojos, y mis facciones, así como mi cuerpo entero, se hallaban relajados. - Estaré en medio de una pesadilla- pensé, pero lo cierto es que me sentía más vivo que nunca.
Dejé pasar el día enredándose por las curvas de mi ser, y al llegar la noche comprendí que definitivamente la pesadilla había acabado, había puesto fin en mi vida. El infierno ya no tenía más fuego guardado para mí. Y entonces sonreí, y me acordé de las palabras que meses atrás me había repetido una y otra vez con el objetivo de sosegar mi desesperación: “Todo acaba, todo acaba…”. Estaba en lo cierto, porque ya no habría más insomnio, ni pastillas vomitivas. No más vacío ni distancias, ni impotencia ni muertes en vida.
Me sentí con ganas de celebrar la noticia por todo lo alto. Quería que cada persona del mundo supiera que era un hombre nuevo, que ahora Tranquilidad me acariciaba las 24h. Hubiera incluso gritado, pero la imagen que vi frenó mi deseo.
Una chica, de unos 19, se escondía en una estrecha calle poco transitada y dejaba brotar cientos de lágrimas de sus ojos. Por descontado, sabía por su mirada que la desesperación la consumía, y cuando ya sólo cenizas quedaran, aquella pobre princesa desterrada sería una nada andante.
- Siempre habrá almas que perpetúen la existencia del vacío – pensé.
Quise ayudarla, pero bien sabía que de nada serviría. Así que la miré, intentando decirle a través de mis ojos que todo acaba, todo acaba…
Publicado por
Srta. Nostalgia
8
secretos
martes 18 de agosto de 2009
Fantasías
Son sueños de un futuro tan cercano como –quizás- factible. Imagino jugosas rutinas que incitan hasta al más vago a salir de la cama y hacer frente a los días. En ellas nos convertimos en seres con circunstancias sorprendentemente normales y somos capaces de mezclarnos entre el resto de personas sin perder esa luz que nos caracteriza.
En mis sueños nos vemos siempre a la salida de mi facultad, y como saludo me das un beso en la frente. Quizás cualquier persona me diría que un beso en los labios sería más romántico y pasional, pero para mí su boca en mi frente significa mucho más que en cualquier otro sitio, pues me siento tan protegida, tan especial y única… Y lo mejor de todo es que este gesto lo realiza delante de todos por primera vez, queriendo que vean lo importante que yo soy para él, que todo carece de sentido sin mi presencia.
En mis sueños pasamos la semana encargándonos de nuestras obligaciones, pero a veces comemos juntos, y los días se van sucediendo con mis ataques de histeria y tus toques de humor a la vida. En ellos me clasificas por primera vez como lo que siempre quise ser pero no se pudo, y me paseas como un bonito regalo en tus círculos.
En mis sueños me coges de la mano y la acaricias mientras hablas con un conocido por la calle. También me besas la mejilla en la biblioteca mientas subrayo los apuntes, y pasas tu brazo a mi alrededor mientras tomamos una copa con los amigos. En ellos es obvio que me adoras y que nada es lo mismo sin mí.
Pero sobretodo, en mis sueños sé que me quieres, porque lo siento, y no existen ni dudas, ni temores, ni muros entre nosotros que me impidan llegar a ti, ni malos momentos que recordar, porque la plenitud y la seguridad es máxima. Porque confío en ti.
Sólo faltan los polvos mágicos para convertir este sueño en realidad. ¿Será hora de usarlos ya?
En mis sueños nos vemos siempre a la salida de mi facultad, y como saludo me das un beso en la frente. Quizás cualquier persona me diría que un beso en los labios sería más romántico y pasional, pero para mí su boca en mi frente significa mucho más que en cualquier otro sitio, pues me siento tan protegida, tan especial y única… Y lo mejor de todo es que este gesto lo realiza delante de todos por primera vez, queriendo que vean lo importante que yo soy para él, que todo carece de sentido sin mi presencia.
En mis sueños pasamos la semana encargándonos de nuestras obligaciones, pero a veces comemos juntos, y los días se van sucediendo con mis ataques de histeria y tus toques de humor a la vida. En ellos me clasificas por primera vez como lo que siempre quise ser pero no se pudo, y me paseas como un bonito regalo en tus círculos.
En mis sueños me coges de la mano y la acaricias mientras hablas con un conocido por la calle. También me besas la mejilla en la biblioteca mientas subrayo los apuntes, y pasas tu brazo a mi alrededor mientras tomamos una copa con los amigos. En ellos es obvio que me adoras y que nada es lo mismo sin mí.
Pero sobretodo, en mis sueños sé que me quieres, porque lo siento, y no existen ni dudas, ni temores, ni muros entre nosotros que me impidan llegar a ti, ni malos momentos que recordar, porque la plenitud y la seguridad es máxima. Porque confío en ti.
Sólo faltan los polvos mágicos para convertir este sueño en realidad. ¿Será hora de usarlos ya?
domingo 9 de agosto de 2009
Éxtasis
Aburrimiento. Horas que arrastran los pies perezosamente, muertos los minutos. Cada día es una copia barata del anterior, y ni los libros, ni la tele ni el ordenador consiguen parar este dolor de cabeza provocado por la ausencia de actividad social, de mi actividad social. El cerebro se me retuerce, angustiado, estirando cada músculo con el fin de alcanzar algo entre el aire que llene este vacío, pero sabe que ahí no está lo que yo necesito, que, como habitualmente suele suceder, me es imposible conseguir (por una vez en meses no por ninguna desgracia, afortunadamente).
Y aquí estoy, pasando los días como una muerta en la cama, pensando en la veracidad del universo en general y de mis extrañas circunstancias en particular. Y es que esta ausencia de droga me trae a la memoria otros meses mucho más fríos en los que, a pesar de mi mono, aceptaba el fin de las dosis, y preparaba un plan de acción, ya que sabía que irremediablemente el éxtasis se había terminado para mí.
¿Cómo debo sentirme cuando medio año más tarde despierto y encuentro en la mesita mi vieja bolsita de droga, más atrayente y apetecible que nunca? Intento resistir, pero al final me digo que por tomar un poco hoy no pasará nada.
Diez días más tarde vuelvo a ser adicta. ¿Seré yo o es que el éxtasis sabe ahora mejor? Como diferente, renovado… adaptado a mí. ¿Y qué se supone que tengo que hacer: creer que esta droga no me matara esta vez porque parece más sana para mi salud, o debo alejarme y evitar otra posible muerte, mucho peor sin duda que la anterior?
Sin embargo, también pienso: ¿y si esto no es más que una ilusión de mi cruel mente por apaliar los efectos del todavía latente mono que habita en cada célula de mi cuerpo, y cuando menos me lo espere, el éxtasis habrá salido de nuevo de mi vida haciéndome comprender que realmente nunca estuvo?
Ah… demasiadas preguntas. Demasiados sentimientos.
Y aquí estoy, pasando los días como una muerta en la cama, pensando en la veracidad del universo en general y de mis extrañas circunstancias en particular. Y es que esta ausencia de droga me trae a la memoria otros meses mucho más fríos en los que, a pesar de mi mono, aceptaba el fin de las dosis, y preparaba un plan de acción, ya que sabía que irremediablemente el éxtasis se había terminado para mí.
¿Cómo debo sentirme cuando medio año más tarde despierto y encuentro en la mesita mi vieja bolsita de droga, más atrayente y apetecible que nunca? Intento resistir, pero al final me digo que por tomar un poco hoy no pasará nada.
Diez días más tarde vuelvo a ser adicta. ¿Seré yo o es que el éxtasis sabe ahora mejor? Como diferente, renovado… adaptado a mí. ¿Y qué se supone que tengo que hacer: creer que esta droga no me matara esta vez porque parece más sana para mi salud, o debo alejarme y evitar otra posible muerte, mucho peor sin duda que la anterior?
Sin embargo, también pienso: ¿y si esto no es más que una ilusión de mi cruel mente por apaliar los efectos del todavía latente mono que habita en cada célula de mi cuerpo, y cuando menos me lo espere, el éxtasis habrá salido de nuevo de mi vida haciéndome comprender que realmente nunca estuvo?
Ah… demasiadas preguntas. Demasiados sentimientos.
viernes 31 de julio de 2009
Otra noche más
Observé como 500 veces el lugar. Humo, ruido, gente de todo tipo… y allá, entre toda esa marabunta, una luz resplandecía: era él. Yo trataba de ocultar mi más que evidente insaciable placer por observarle, y proseguía mis conversaciones banales pero a la vez divertidas mientras disimuladamente le echaba miradas furtivas. A veces parecía que él se daba cuenta, pero otras era yo la que le cazaba atento a mis movimientos. ¿Era verdad o tan sólo era un intento de mi desesperada mente por hacer realidad lo ciertamente imposible?
Decidí salir a la calle para respirar el aire “fresco” de la ciudad. Intuí su mirada tras mi espalda, y disfruté imaginando sus pies en busca de mi torpe caminar. Fuera todo parecía más crudo, y los sueños se esfumaban en un suspiro. –Mejor- me decía, ya que para mí ilusionarme era tan fácil como dar una bocanada de aire, y demasiadas cicatrices poblaban ya mi frágil mente.
En cierto momento de mis divagaciones sentí su presencia cerca. Ahí estaba, a mi lado, intentando averiguar mi paradero psíquico.
- Hace frío – me dijo
- Siempre lo hace – le contesté secamente, para estar fría y no dejarme llevar.
Se quedó callado, pero su cara de frustración me incitó a pensar que por dentro un dilema batallaba con su esencia. Quizás me quería pero la impotencia de la situación tan repetida le impedía sincerarse. –Tonterías – pensaba tras esta idea tan ingenua por mi parte – Habrá conocido a alguien, querrá irse y no sabe cómo decírmelo- Este tipo de pensamientos eran muy habituales en mi cabeza, pues yo procuraba joderme con ellos para no elevarme hacia las nubes y esperar una tranquilidad que probablemente ya no me pertenecía.
De repente, habló:
- Yo… estaba pensando que…
Y yo, que me dejé llevar por mi realidad paranoica, le contesté:
- Puedes irte, sé el camino de regreso.
- ¿Qué? – respondió, para mí como si se estuviera haciendo el loco.
- Lo que oyes. Diviértete.
En ese momento me dirigí hacia la puerta para recoger mi bolso y largarme, pero él me frenó el paso.
- ¿Qué? – le contesté expulsando hastío por doquier – No me lo pongas más difícil, no quiero saber con quién te irás esta noche, prefiero ser una ignorante antes que…
- ¿Antes que qué? – dijo, ahora más tenso.
- Antes que imaginarte con otras – le confesé, y me arrepentí ipso facto, pues si algo había caracterizado mi amistad estos años con él era la ausencia de confesiones rebajadoras de este tipo.
- No hay otras - dijo, yo tomándomelo como una muestra de compasión, algo que odiaba a más no poder.
- No es asunto mío – me limité a decir.
Y lo siguiente fue un silencio eterno, y unos ojos profundos que me desnudaban por completo sin posibilidad de escape. Al final, comenzó a hablar de nuevo:
- Escucha, yo...
Pero justo entonces llegó uno de los nuestros reclamándonos, por lo que otra noche más tuve que conformarme con las especulaciones y paranoicas hipótesis que mi mente elaboraba con el objetivo de descubrir qué escondía tras el velo de su mente.
Decidí salir a la calle para respirar el aire “fresco” de la ciudad. Intuí su mirada tras mi espalda, y disfruté imaginando sus pies en busca de mi torpe caminar. Fuera todo parecía más crudo, y los sueños se esfumaban en un suspiro. –Mejor- me decía, ya que para mí ilusionarme era tan fácil como dar una bocanada de aire, y demasiadas cicatrices poblaban ya mi frágil mente.
En cierto momento de mis divagaciones sentí su presencia cerca. Ahí estaba, a mi lado, intentando averiguar mi paradero psíquico.
- Hace frío – me dijo
- Siempre lo hace – le contesté secamente, para estar fría y no dejarme llevar.
Se quedó callado, pero su cara de frustración me incitó a pensar que por dentro un dilema batallaba con su esencia. Quizás me quería pero la impotencia de la situación tan repetida le impedía sincerarse. –Tonterías – pensaba tras esta idea tan ingenua por mi parte – Habrá conocido a alguien, querrá irse y no sabe cómo decírmelo- Este tipo de pensamientos eran muy habituales en mi cabeza, pues yo procuraba joderme con ellos para no elevarme hacia las nubes y esperar una tranquilidad que probablemente ya no me pertenecía.
De repente, habló:
- Yo… estaba pensando que…
Y yo, que me dejé llevar por mi realidad paranoica, le contesté:
- Puedes irte, sé el camino de regreso.
- ¿Qué? – respondió, para mí como si se estuviera haciendo el loco.
- Lo que oyes. Diviértete.
En ese momento me dirigí hacia la puerta para recoger mi bolso y largarme, pero él me frenó el paso.
- ¿Qué? – le contesté expulsando hastío por doquier – No me lo pongas más difícil, no quiero saber con quién te irás esta noche, prefiero ser una ignorante antes que…
- ¿Antes que qué? – dijo, ahora más tenso.
- Antes que imaginarte con otras – le confesé, y me arrepentí ipso facto, pues si algo había caracterizado mi amistad estos años con él era la ausencia de confesiones rebajadoras de este tipo.
- No hay otras - dijo, yo tomándomelo como una muestra de compasión, algo que odiaba a más no poder.
- No es asunto mío – me limité a decir.
Y lo siguiente fue un silencio eterno, y unos ojos profundos que me desnudaban por completo sin posibilidad de escape. Al final, comenzó a hablar de nuevo:
- Escucha, yo...
Pero justo entonces llegó uno de los nuestros reclamándonos, por lo que otra noche más tuve que conformarme con las especulaciones y paranoicas hipótesis que mi mente elaboraba con el objetivo de descubrir qué escondía tras el velo de su mente.
lunes 13 de julio de 2009
Ventilador para favorecer el pensamiento
Esta mañana, tras una intensa jornada de nohacerabsolutamentenada me preguntaba qué sería de Inspiración. ¿También ella toma vacaciones en verano? Lo cierto es que es una putada, porque no puedo contactar de ninguna forma, y en consecuencia, mi mente está tirando a blanco. ¿Es que ya no tengo nada que aportar al mundo? ¿Ya saqué de mí todo lo que tenía en la cocina de mi alma y la dejé vacía? Pero si he de ser sincera, creo que todo se debe a la convivencia con Tranquilidad. Y no puedo quejarme, pues ya sabía que con su aparición las ideas se evaporarían – al menos, mi concepto de idea - , pero me resisto a pensar que ha de ser así hasta que el desequilibrio emocional, el insomnio, el hastío, y todo lo que ello conlleva regrese. Quizás haya de reinventarme, buscar otras esencias por las que fluir, sacar el jugo de la paz que me inunda y plasmarlo en textos que sigan inspirando a otras personas, pero a Srta. Nostalgia no es la paz lo que le mueve a escribir, sino todo lo contrario. Es la vida subida en una montaña rusa lo que la lleva a liberar el vacío a través de la palabra. ¿Significa esto entonces que ahora que encontré lo que buscaba al escribir he de abandonar la esperanza de evadirme a través de ese arte? Ah, demasiadas preguntas sin respuesta, y encima mi Oráculo está de vacaciones, nada podría ir peor (qué irónico, ya que todo va aparentemente bien).
Supongo que no me queda otra que observar cómo se suceden los acontecimientos de mi extraña circunstancia como persona, y encontrar nuevas esencias para reinventarme (con mi esencia pura, claro).
La vida de un escritor es de lo más complicada. ¿Será eso lo “bonito” de todo esto?
Supongo que no me queda otra que observar cómo se suceden los acontecimientos de mi extraña circunstancia como persona, y encontrar nuevas esencias para reinventarme (con mi esencia pura, claro).
La vida de un escritor es de lo más complicada. ¿Será eso lo “bonito” de todo esto?
domingo 21 de junio de 2009
Otro
- Estoy harta de tanta mediocridad.
- Eso no es nada nuevo, ya estabas harta ayer, así que tu excusa para venir a las 4 de la mañana hasta aquí no me convence. ¿Qué pasa?
- Mmm, ¿me encanta tu casa?
- No cuela. Pasa.
Entré, una noche más, a la casa de quien se había convertido en mi salvador en los últimos meses. Estar con él era como jugar al pilla-pilla, siempre que permanecía a su lado era “casa”, y por lo tanto, estaba segura. Sam me abría la puerta a la hora que fuera, y soportaba mi neurótica presencia y mi continua paranoia sin mostrar desagrado alguno. Es más, me atrevería a decir que disfrutaba viéndome elaborar cadenas de deducciones irracionales que desembocaban en una autodestrucción masiva. Nos amábamos, pero de una forma… un tanto peculiar.
- ¿Vodka? – sugirió.
- No, hoy no beberé, prefiero ser consciente de todo lo que digo y hago.
- Oh, cariño, tú nunca eres consciente de lo que dices o haces, estés o no borracha.
- Mm… cierto.
- Y ahora, cuéntame – dijo paciente y acomodado en su adorable sillón de cuero.
- Ya sabes por lo que he venido, Sam.
- ¿Otra vez la misma historia?
- Siempre la misma historia.
- ¿Os habéis enfadado?
- Claro que no. Soy yo… para variar.
- Tú y tus jodiendas.
- Eh, eh, eh, no me vengas con las tuyas.
- ¿Vas a empezar a hablar o me puedo ir a dormir?
- Que sí. Es solo que… no puedo ser una amiga al 100%. Yo… tengo ciertas limitaciones.
- Lógico.
- Sólo necesito tiempo, ¿verdad?
- Claro que sí, eres una tía muy cool.
- Algún día podré, de verdad, estoy segura, sólo tengo que esperar a que otros dedos se enreden en mis rizos, y entonces… todo será genial para todos, ¿a que sí?
- Oh, nena, mis dedos estarán siempre a tu entera disposición.
- … No te andes con jodiendas, Sam, no te andes con jodiendas.
Rompimos a reír, y así, otra noche más, el tío cool de las jodiendas me salvó.
- Eso no es nada nuevo, ya estabas harta ayer, así que tu excusa para venir a las 4 de la mañana hasta aquí no me convence. ¿Qué pasa?
- Mmm, ¿me encanta tu casa?
- No cuela. Pasa.
Entré, una noche más, a la casa de quien se había convertido en mi salvador en los últimos meses. Estar con él era como jugar al pilla-pilla, siempre que permanecía a su lado era “casa”, y por lo tanto, estaba segura. Sam me abría la puerta a la hora que fuera, y soportaba mi neurótica presencia y mi continua paranoia sin mostrar desagrado alguno. Es más, me atrevería a decir que disfrutaba viéndome elaborar cadenas de deducciones irracionales que desembocaban en una autodestrucción masiva. Nos amábamos, pero de una forma… un tanto peculiar.
- ¿Vodka? – sugirió.
- No, hoy no beberé, prefiero ser consciente de todo lo que digo y hago.
- Oh, cariño, tú nunca eres consciente de lo que dices o haces, estés o no borracha.
- Mm… cierto.
- Y ahora, cuéntame – dijo paciente y acomodado en su adorable sillón de cuero.
- Ya sabes por lo que he venido, Sam.
- ¿Otra vez la misma historia?
- Siempre la misma historia.
- ¿Os habéis enfadado?
- Claro que no. Soy yo… para variar.
- Tú y tus jodiendas.
- Eh, eh, eh, no me vengas con las tuyas.
- ¿Vas a empezar a hablar o me puedo ir a dormir?
- Que sí. Es solo que… no puedo ser una amiga al 100%. Yo… tengo ciertas limitaciones.
- Lógico.
- Sólo necesito tiempo, ¿verdad?
- Claro que sí, eres una tía muy cool.
- Algún día podré, de verdad, estoy segura, sólo tengo que esperar a que otros dedos se enreden en mis rizos, y entonces… todo será genial para todos, ¿a que sí?
- Oh, nena, mis dedos estarán siempre a tu entera disposición.
- … No te andes con jodiendas, Sam, no te andes con jodiendas.
Rompimos a reír, y así, otra noche más, el tío cool de las jodiendas me salvó.
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