Eternidad

*Recuérdame como un día imaginaste que fui

sábado, 5 de julio de 2008

Ríndete II

Cuando me di cuenta, ya llevaba dos semanas fuera de la vida con la que tanto había soñado. Adiós a mis estudios, adiós a mis amigos, pero sobretodo, adiós a él. Aún seguía sin comprender cuál había sido el motivo de su arrebato. Yo sabía que lo tenía muy desatendido, y pensaba compensarle en acabar las clases. Siempre que me concentro en alguna cosa, suelo dejar de lado las demás, y yo notaba como él estaba quemado, pero no decía nada. Bueno, en una semana todo habrá pasado – solía decirme a mí misma. Pero no dio tiempo.

Aquella noche terminaba más tarde las clases debido a una práctica. Por la noche había quedado con Richard para cenar, así que él vendría a por mí. Cuando bajaba por las escaleras me encontré con mi amigo medio francés medio inglés, Carter. Era de 1º año, y andaba un poco perdido por el idioma. Le conocí de casualidad en uno de esos momentos en los que te entra la vena humanitaria, un día a principios de curso que lo vi intentando comunicarse pero nadie le entendía. Nunca fui muy buena en los idiomas, pero el francés lo aprendí de pequeña cuando íbamos a visitar a mi tía de Toulouse. No era una experta, pero me defendía. Desde entonces prácticamente no se había despegado de mí, cosa que entendía, y nos hicimos amigos. Claro que ya desde un principio supe que a Richard le molestaría. No es que fuera celoso, pero Carter junto con mi carrera quitaban parte del tiempo que podía pasar con él, y le empezó a tomar rabia. Estaba convencido de que a Carter le gustaba, y motivos no le faltaban. Pero él no creía que yo sintiera nada por él, simplemente siempre ha sido de pensar que si hay alguien de por medio encontraré algo que le haga mejor que él y le abandone. Es cierto que Carter se me había declarado un par de veces a lo largo del curso, y que a veces intentaba imitar a Richard para conseguir mi atención, pero yo siempre le dejé claros mis sentimientos. Si había llegado hasta donde estaba era porque realmente quería a Richard, y lo tenía muy claro. Pero él no. Esa noche que bajaba por las escaleras de la universidad, Carter apareció llorando, y me dijo que no había conseguido pasar de curso, y que probablemente se tuviera que volver a su país porque sus padres no podían financiar otro año más. Estaba muy triste, así que lo abracé. Un buen rato. Se ofreció a acompañarme a casa pero yo le dije que estaba esperando a Richard, y se fue. Pasaron horas hasta que me fui a casa. No hacía frío, pero yo me encontraba helada. Richard no apareció, y no contestó a ninguna de las llamadas que le di. Cuando llegué a ese piso pequeño y cutre en el que vivía provisionalmente, me dispuse a ir a casa de Richard, pero al tumbarme a la cama un momentito, el cansancio, junto con el dolor de cabeza y las lágrimas, me dejaron en coma.

A la mañana siguiente cogí un taxi y paré en el portal donde tantas veces me había despedido, para finalmente haberlo pisado pocas horas después en la mañana. Me bajé decidida, pero al llegar al rellano, empecé a temblar y las primeras lágrimas del día asomaron. ¿Y si esto es el fin? – pensé aterrorizada. La puerta principal estaba abierta, así que me planté cara a cara con su puerta. Toqué el timbre, y al minuto o así salió el que había sido mi novio durante 5 años, intermitentemente. Despeinado y recién sacado del sueño, me miró serio como si de repente se hubiera dado cuenta del problema.

- ¿Qué ha pasado? – dije llorosa.

Él, callado, miro serio al suelo. Ni siquiera podía mirarme a los ojos. No pude evitarlo y corrí a abrazarle. Ni se inmutó. ¿Qué estaría pasando por su mente para tratarme con tanta frialdad?

- Pero, ¿qué te he hecho?

- Lo mejor será que lo dejemos, Ashley. Tienes que estar concentrada en tus estudios y es mejor que sea sin mí – mintió Richard.

- Pero… - dije sin entender nada

- De verdad, lo mejor será que te vayas

Y una vez hubo hablado se fue hacia el interior de su casa y me dejó plantada ahí mismo. Me fui por el mismo camino que había recorrido tantas otras veces, sin ser consciente de nada. Ni siquiera estaba pensando. Fui a ese piso cutre, empecé a recoger mis cosas, y en poco menos de una semana, me fui a mi ciudad. Ya pensaría qué hacer con mis estudios. Por el momento necesitaba estar lejos de todo. No avisé a nadie, ni a Carter, ni a Richard. A nadie.
Un par de semanas después, sin noticias de Richard, le echaba enormemente de menos. No le conté a nadie lo que había pasado. No podía afrontarlo. Le enviaba mails que sabía que no contestaría, porque había algo que no le dejaba. ¿Qué ha pasado? – me preguntaba constantemente. En ellos le decía que le quería, que le echaba de menos, que me encantaría verle y que habláramos… Nunca mentí.

Todo cambió cuando un día, tirada en el sofá pasando un calor insoportable, recibí una llamada.

- ¿Sí? – dije esperanzada.

- Ashley, c’est Carter (La conversación se supone que es toda en francés, pero para que lo entendáis lo escribo en castellano)

- Hola… ¿Cómo estás?

- Sorprendido. ¿Por qué regresaste?

- Pasaron muchas cosas y me tuve que volver.

- Y tanto, tu novio se ha vuelto loco.

- ¿Cómo dices?

- El otro día lo encontré por los alrededores de la universidad y por un momento pensé que me pegaría.

- ¿Qué pasó?

- No sé muy bien qué ha pasado, pero me dijo que ahora tenía vía libre para lo que quisiera contigo, que ya no estabais juntos.

- ¿?

- Me dijo que nos había visto abrazándonos esa noche que te conté lo que me había pasado.

- Joder…

- Tu novio me tenía ganas.

- Carter, tengo que irme, te llamaré en cuanto pueda. Cuídate.

- Au revoir, chèrie.

Me quedé en shock. Por eso no fue a por mí. Nos vio, y al llevar todo el año pensando que había algo entre los dos supongo que fue la prueba que necesitaba, y le dolería. Me sentí fatal, cabreada, triste, y a la vez esperanzada. Esto no hubiera pasado si le hubiera prestado más atención – me dije arrepentida. Tenía que llamarle cuanto antes. Quizá no me cogiera el teléfono, o quizá sí. Tuve suerte.

- ¿Dígame?

- Richard, qué bueno oír tu voz. ¿Cómo estás? Soy Ash..

- … Hola, vaya, qué sorpresa. Estoy genial, ¿y tú?

- Bueno, quería hablar contigo de algo importante. Hasta hace poco no sabía por qué habías actuado así, pero hace unos minutos me he enterado de todo, y quería explicarte lo que pasó.

- No te preocupes, Carter me lo dijo todo.

- Pues qué bien, porque yo no he querido nunca a ese chico, sólo a ti Rich. Debí demostrártelo de otra forma, lo siento.

- Lo siento yo, Ashley, pero ya es demasiado tarde… Tú no tenías tiempo para mí y la cosa se enfrió. Ya no vale de nada intentar.

Tuve que resignarme a sus deseos. Sabía que cuando se enteró de su confusión se debió sentir horrible, pero tenía demasiado orgullo como para reconocerlo, y sé que en ese momento más que en ningún otro lo tendría lo más distante posible. Son sus medidas de seguridad hacia él mismo. Lo hace y con eso se siente a salvo de que puedas descubrir cualquier sentimiento que le haga vulnerable.

El caso es que poco a poco me iba llamando, y yo a él, más que nada para no perder el contacto, aunque yo sabía que era su manera de decir “lo siento, no quiero perderte”, y con eso me conformaba, aunque siguiera llorando cada noche por estar tan lejos. Estuvimos así como medio año. Yo trasladé mi expediente a la universidad de mi ciudad y reanudé mis estudios. Hablábamos frecuentemente, como aquellos tiempos cuando sólo éramos unos adolescentes con tantos sueños queriéndose cumplir, y nos pasábamos el día hablando. Un día. En uno de los tantos arrebatos que forman mi persona, me apeteció mucho verle. Y se lo dije sin más, sin rodeos.

- Me gustaría verte, Rich.

- No sé si sería una buena idea…

- Ni yo, pero prefiero arriesgarme. Por favor, seré buena.

Sabía que él no me diría que no, aunque nunca llegué a saber si de verdad quería verme o simplemente se vio en el compromiso. Yo quería pensar que sí tenía ganas. Lo que sí le puso en un compromiso fue el pedirle dormir en su misma casa. Intenté por todos los medios quedarme en casa de alguien, pero volvían a ser vacaciones y no quedaba nadie de los míos por esos lares. Sólo él. No sabía qué haría cuando le viera, pero no quería ni planteármelo. Sólo verle sonreír, y ya podría volverme.

El viaje en tren se me hizo eterno. Sin embargo, cuando quedaba apenas media hora, me entró el pánico, como siempre. ¿Qué hago yo aquí? – me decía – Me estoy metiendo en la boca del lobo, como siempre. Ojalá todo salga bien…

Bajé del tren que servía de conexión entre su vida y la mía, y me mezclé entre la gente. Como no, antes de que él se hubiera dado cuenta siquiera de mi existencia, yo ya lo había visto. Con sus típicos aires pasotas, pero nervioso. Miraba a la gente haciendo que no miraba a nadie. Y entonces me vio. Por un instante me pareció verle sonreír, pero eso era adelantar acontecimientos. Me acerqué, y tímidamente, como siempre solía ser, le saludé.


- Hola, Rick.



Tengo intenciones de continuar unas paginillas más esta historieta. Tengo que decir que he rectificado algunas cosas con respecto al primer “capítulo”. En él dice que era verano cuando se veían, pero realmente son vacaciones estándar, no es ninguna época concreta del año. Eso os lo dejo a vosotros. Y bueno, también en este capítulo habréis visto que es lo mismo pero desde la visión de la chica, la cual ha sido la narradora propia, no como en el otro que Richard era un personaje más. Bueno, pues ya iré publicando cosillas. Gracias por leer a los pocos que lo hacéis, y muchas más gracias por comentar. Por cierto, los que lo hagáis, si no os importa, dejadme un link o algo para poder devolveros el comment, que si no me sabe mal. Un beso =)

2 comentarios:

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